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[FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

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[FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por RiverCazador193 el Dom 13 Jul 2014 - 21:51

CAPÍTULO 1
El Fin


  Un grito, un disparo, el sonido de una caída, las súplicas. Normalmente, esos serían motivos suficientes para despertar a alguien de un sueño tranquilo. Pero, ¿necesario? Draco Malfoy no lo creía así cuando se sentó en su cama, temblando por un presentimiento. Era cierto que en los últimos meses no tenía sueños muy conciliadores y que sus nervios estaban mucho más a flor de piel que antes. Todo debido a los sucesos tras la guerra de Hogwarts.

  Sí, los sucesos de después, no los que ocurrieron en plena batalla. No cuando Crabbe murió por su propio Fyendfire, ni cuando esa Weasley mató a Bellatrix. Nada era debido a todas las muertes de los aliados a su mismo bando que había visto. Ni tampoco las de los inocentes o del bando de la Orden del Fénix. Sí, estaba en su conciencia y jamás se iría, pero todo aquello eran meras cosas que debían pasar. Inconvenientes del objetivo principal. Incluso la muerte del Señor Oscuro había sido lo de menos. ¿Qué le importaba a él que un ya-no-humano que tuviese el capricho de matar Sangres Sucia con un poder fuerte pero limitado hubiera muerto? ¿Que su familia estaba de su parte y estaban condenados a Azkaban? No...

  El verdadero problema se había dado durante el verano. Un frío verano allí en Inglaterra. El Señor Oscuro daba miedo y era alguien del que estar de su parte daría tantos problemas como beneficios. Y eran esos beneficios los que le atormentaban.

  Hacía ya cuarenta y nueve años, un mago de corta talla, mínima talla, fue al bar Beerelves con quince galeones, quince sickles y quince knuts encima. Según él, era el número de la suerte, el que te daría la fortuna, se lo comentó a todo el bar durante horas, a cada cual más borracho. Estaba chiflado, así que era lo de menos. Poco después murió asesinado por obra de un Avada, con sólo tres galeones, tres sickles y tres knuts en sus bolsillos, y sin su varita por ninguna parte.

  Quince años después, una bruja célebre por inventar las pastillas de jabón que hacían burbujas de lava, fue al mismo bar, con cinco monedas de cada a diferencia del primer mago, contando a los clientes una extraña historia sobre el origen de las maldiciones imperdonables. Ella no bebió ni tampoco desvariaba, aunque su historia era muy difícil de creer. Sí, murió, en un establo de dragones pequeños a causa de la maldición Imperius, que le hizo dormirse en un comedero de estos seres. Se conservó a tiempo gran parte del cuerpo de la víctima, pero no la cabeza (y ya sabemos que es importante llevarla encima). En sus bolsillos sólo quedaban dos galeones, dos sickles y dos knuts. Ni rastro de la varita.

  Cinco años después, un squib que vagabundeaba siempre por esa calle, también entró al bar. Bramaba a todo el que se cruzaba lo dichoso que era, dado que un hombre muy alto y de túnica marrón como la madera oscura le había regalado siete galeones, siete sickles y siete knuts para que rehiciera su vida. El dueño del bar se temía lo peor, así que le dijo al vagabundo que se fuera de allí y no volviera nunca. Confuso, pero aún dichoso, se fue y se compró una casa pequeña, comida para el mes, ropa más decente y fue a buscar trabajo en la sociedad muggle. Los magos no le habían abierto los brazos precisamente en el mundo laboral. Encontró trabajo como criado en una casa de gente adinerada. Desapareció durante meses. Un día apareció por el suelo del bar Beerelves con todas las monedas y su varita tiradas a su alrededor, torturado casi hasta la muerte por la maldición Cruciatus. A día de hoy, sigue en el hospital San Mungo, sin ninguna mejora.

  De nuevo cinco años después, otro squib que no era un vagabundo, ataviado con buena ropa muggle, se dejó caer por el bar. Normalmente llevaba billetes muggles, pero ese día tenía que hacer compras de pociones, así que llevaba siete monedas de cada. Tenía sed y pidió una cerveza al dueño, quien, al ver el dinero que llevaba por casualidad, le dijo que invitaba la casa y, nada más se fue, cerró el bar. El squib fue a la tienda de pociones que buscaba, compró lo que necesitaba y se encontró otra vez al dueño del bar en la calle. Le propuso cambiarle sus monedas exactas por todo lo que llevaba encima: veinticuatro galeones. El squib se extrañó de semejante cambio, dado que él salía ganando, pero aceptó al momento. Dos noches después, el dueño del bar murió al suicidarse. Su mujer decía que no paraba de gritar que "eran las monedas", que "el mensaje estaba en ellas", y que su suicidio no tenía sentido, al igual que esas dos anteriores noches. Decía también que en sus bolsillos desaparecieron cosas, como varias monedas y su varita. Sólo le quedaba una moneda de cada tipo y éstas desaparecieron poco después.

  No había vuelto a suceder nada del estilo, incluso se cerró el bar el mismo día que murió el dueño. Desde entonces nadie llevaba más de dos galeones por esa calle. Sin embargo, el último verano tras veinticuatro años, una niña nacida de muggles jugaba por el bar abandonado con su regalo de Navidad: un galeón, un sickle y un knut. Sus padres desconocían el origen de esas monedas, pero les pareció un regalo original y bonito para su hija. "La muerte se regala más frecuentemente de lo que ellos se creían", pensaba hoy en día Draco, con sorna. Una bruja pasaba por allí y quiso alertarla al verla por el lugar, pero desapareció de pronto, sin rastro tras ella.

  Todos los afectados por esta extraña historia tenían algo en común: sabían algo que no debían. Ya el penúltimo había dado la pista más importante y estaba claro qué tenían que buscar. A una niña. Una muggle. ¿Qué demonios tenía que ver esa estú**** muggle con los Malfoy, con la guerra de Hogwarts y con la actualidad? Sencillo, el poder que Voldemort jamás consiguió, residía en alguien que era mucho más inteligente y que había sabido ocultarse con gran habilidad. Había errado en el bar Beerelves al guiar allí a sus víctimas con esas misteriosas monedas, ya que ahora la familia de Draco tenía por dónde empezar tras tantas leyendas vanas.

  Seguir al Señor Tenebroso tan sólo fue un método para averiguar qué sabía y qué podía darles. Al menos, así fue al principio. No obstante, cuando se hizo más fuerte que su padre, Lucius, su familia se vio envuelta en un gran problema y sometida a él. Ahora eran "libres", si no fuera porque todo el Estado mágico de Gran Bretaña les perseguía para meterles en Azkaban. Su casa aún estaba rodeada de fuertes protecciones de los mortífagos, así que era un lugar seguro hasta que salieran. Era noviembre, acabarían teniendo que dar la cara si no planeaban algo de una vez.

  De vuelta al verano pasado, una hechicera muy extraña llamó a su puerta y les dio un mensaje: la muerte era la llamada al Fin. Su padre decía que ese poder que buscaban era tan poderoso como el fin, así que solía denominarse así. No tenían ni idea de por qué vino esa señora a decirles sólo eso. Menos idea tenían aún de por qué se alejó cincuenta metros de la casa y se mató con un cuchillo. Al menos, Draco no lo entendía.

  Sin embargo, ninguno de estos problemas eran los que le habían desvelado en ese preciso momento, ni tampoco el sonido de la muerte. Pero podía sentirla, podía sentir esa llamada de la que les habló la hechicera. Draco no perdió un momento más, apartando las sábanas de su cama y saltando de ésta al suelo. Temblando por el presentimiento más que por el frío y con los ojos muy abiertos, atento de cualquier detalle, salió de su cuarto con sigilo aunque veloz. Echó un vistazo a las escaleras y, considerándolas despejadas, bajó por ellas descalzo y a punto de resbalarse en un par de ocasiones. Llegó a la planta baja, donde un elfo doméstico le recibió.

    -¿Desea algo el señor? -preguntó.

    -Cierra el pico -contestó el chico a susurros, con brusquedad.

  Haría frío y temblaría por ello, pero sudaba también por los nervios y eso se notaba en su cara con la luz del salón. ¿Dónde estaban? Siempre se quedaban hasta tarde allí para hablar sobre ese plan aún no zanjado. Eso no le tranquilizaba en absoluto. El suelo crujió a varios metros de él y tuvo un sobresalto por ello.

    -¿Qué está pasando? -exigió saber, apenas pudiendo ocultar el temor que tenía.

    -No pasa nada, Draco -dijo la voz de Lucius Malfoy, cortante-. Vuelve a tu cuarto.

    -Ya soy mayor de edad, no voy a irme a mi cuarto hasta que me digas qué está pasando -alzó la voz inconscientemente.

  Respiraba algo agitado, pero ante el silencio, se fue relajando. Por favor, por favor, ya estaba bien de desgracias.

    -Vives bajo mi techo y sobrevives por mi varita, así que vete a tu cuarto si eres lo suficientemente sensato -pareció vacilar al añadir-: Tu madre está cansada y en cama, es mejor que no hagamos ruido.

  De nuevo en su cuarto, se sentó en la cama y deseó pegarse por i***ta. Su presentimiento era real, no un simple malentendido, ¿por qué demonios no se había quedado a enfrentarse a su padre? Maldita sea... En contradicción, se metió bajo las sábanas y cerró los ojos con fuerza, deseando que no hubiese pasado nada.

  Apenas pudo volver a conciliar el sueño, sólo dejó vagar su mente hora sí y hora no, hasta que vio el amanecer a través de la ventana de su habitación. Se levantó aún algo nervioso, a la vez que cansado, e hizo el mismo trayecto que hacía unas horas: bajar al salón. Esta vez ni siquiera llegó allí cuando escuchó la puerta principal cerrarse con un golpe fuerte y despreocupado de si se cerraba o no. ¿Qué...?

  No podía ser. Había salido alguien.

  Corrió escaleras arriba por su varita y luego un piso más, al cuarto de sus padres. Abrió las puertas sin llamar y se adentró en el cuarto, gritando nervioso que alguien había entrado y salido de la casa, y que ya debía de haberse aparecido. Se quedó mudo cuando miró mejor la escena, y la varita resbaló de su mano. Cayó igual que una gota de sangre resbalaba por la mano de su madre y se precipitaba hacia el suelo. Impactó dejando unas diminutas manchas a su alrededor, era algo hasta bello...


Última edición por RiverCazador193 el Mar 15 Jul 2014 - 18:54, editado 1 vez
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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por CapaFantasma22426 el Dom 13 Jul 2014 - 22:23

Me encanta la historia xD :O Va a ver segunda parte o abrá una continuación ?


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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por RiverCazador193 el Dom 13 Jul 2014 - 22:30

Es un fic largo xD Habrá continuación y va a dar para bastantes capítulos. Esto era más un prólogo explicativo de la trama o algo así...

Meee alegro que te guste ^^
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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por CapaFantasma22426 el Dom 13 Jul 2014 - 22:34

xD A esperar a próximos capítulos xD Wiiiiii !
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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por AccioPluma27803 el Dom 13 Jul 2014 - 22:56

La historia esta bien pero hay partes que no entiendo. Supongo que se explicaran más adelante. O al menos, eso espero. Por lo demás, esta genial.
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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por RiverCazador193 el Mar 15 Jul 2014 - 18:52

CAPÍTULO 2
Última esperanza.


  Draco sabía que ese día iba a llegar. No, no el día en que lo perdería todo. Sabía que tendría que salir de esa casa y enfrentar todos sus delitos ante el Ministerio o huir durante el resto de su vida, torturado por el presentimiento de que le persiguiera un auror. Huir sonaba bien.

  Por eso mismo se había estado dedicando todo el verano y el otoño a practicar la transfiguración. Primero probó a mejorar sus habilidades en la materia con objetos externos, dado que en Hogwarts le había dedicado poco tiempo al estudio, más preocupado por besar cada paso del Señor Oscuro. Aún le daba estremecimientos recordar los meses que estuvo bajo su poder. De hecho, podría decirse que fueron años, si contaba con el tiempo que su padre también fue sometido. Pero ahora ya estaba libre en ese sentido, a pesar de que muchos mortífagos estuviesen deseando torturar a toda su familia, y podía centrarse en cosas como aquella.

  Cuando consiguió crear aves a partir de tres manzanas, decidió que estaba listo para ponerse con cosas serias. Estudió con todo lo que encontró en su casa y en su baúl sobre las transformaciones que incluyeran a los animagos, centrándose en estos últimos. No era fácil ni nada que pudiese hacer en poco tiempo, pero era necesario que lo consiguiera. No se trataba de ningún hechizo en concreto, sino que debía concentrarse en adquirir la habilidad de transformarse. Tenía bastante tiempo libre, por suerte, porque no estaba seguro de entender aquello.

  Estuvo tres meses con intentos en vano, a punto de rendirse en varias ocasiones. Sin embargo, consiguió poco después transformarse. A medias y fue un accidente horrible, tenía unas patas pequeñas y peludas, pero por lo demás era humano. Bueno, las orejas las sintió distintas, aunque no quiso comprobarlo, suficiente fue  conseguir algo. Sus padres consiguieron revertir la transformación a la perfección y su madre le expresó su preocupación en ese momento. Draco sabía que no querría verle con otro accidente del estilo cuando le tocase huir o quedar así de por vida, pero en el caso de que funcionase... Sólo le quedaban ellos y la esperanza.

  Ahora sólo estaba la esperanza. Cuatro meses después, allí estaba, fuera de su casa y justo en el límite de las protecciones. Sabía que le estarían vigilando, esos aurores eran realmente molestos cuando se proponían una misión. Y San Potter estaría entre ellos a estas alturas, algo había leído. ¿Qué se creían que iba a hacer ese inepto renacuajo en el Ministerio? ¿Redecorar el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica? Suspiró con rencor y pesadez, ante el recuerdo de su propia conciencia de que le salvó la vida. ¿Y qué? Él también, ya estaban en paz.

  No iba a ser descuidado con su posición, así que fue a la cabaña que había detrás de la mansión y la rodeó, entrando por la puerta trasera. Dudaba mucho que vigilasen ese lugar, nunca habían salido de la casa hasta ese día y el anterior. Aún así sentía mil ojos en su nuca y prefirió esconderse detrás de un enorme mueble con un espejo roto.

    -Vamos... He practicado, sabré hacerlo... -murmuraba bastante nervioso, acuclillado en el suelo.

  Menos mal que sus elfos domésticos habían desaparecido, ellos le delatarían en un momento así con seguridad. No quiso cerrar los ojos esta vez mientras se concentraba, mirando un punto fijo en la pared a su lado sin verla realmente. Repasó cada paso en todos los libros que había memorizado y los ejecutó varita en mano. Sintió la garganta seca y ni siquiera tragó saliva, atormentado por la idea de distraerse en ese punto y fastidiarla.

  Eso es, Draco, mírate ahora. No, aún no, todavía faltaba algo. Estás listo. ¿Pero el qué? ¿Y dónde estaba su varita? Ante ese último pensamiento, dio un respingo y miró a todas partes con desconocimiento de lo que había pasado. Todo parecía que iba a caérsele encima de lo grande que era y seguía sin encontrar su varita. Sólo vio un bastón junto a él. Un bastón que antes no estaba...

  Bajó la mirada hacia sus manos, más bien sus patas, y deseó poder darse unas palmaditas en la espalda, brincando de alegría tras el primer momento en shock. ¡Fantástico, lo había conseguido! Era... ¿qué era? Bah, eso no importaba ahora, sentía que cada parte de su cuerpo estaba cubierta por un pelaje desconocido y no echó en falta su ropa, que también le rodeaba y hasta agobiaba un poco, porque la tenía encima aplastándole. Volvió a brincar hasta que se liberó de ella y miró su varita con melancolía. Acababa de adquirirla y era mucho mejor que la anterior, ¿por qué no podía llevársela? Era un gran fallo en su plan, pero no podía volver. Tampoco veía la manera de morderla y llevarla consigo, era demasiado pesada.

  A cambio tenía la posibilidad de salvar su vida, así que no dudó mucho más en correr sobre sus minúsculas patas fuera de la cabaña y hasta el límite de las protecciones, otra vez. No se detuvo y las atravesó sin pensar más en ello, con el objetivo de llegar cuanto antes a la ciudad.




  Era la hora del té en Londres. Las calles solían vaciarse en su mayoría, ya que la gente se retiraba a sus casas, a bares, a cafeterías o pastelerías. De todas formas, esa calle en especial, todas las tiendas seguían abiertas. Aprovechaban el momento para ordenar los escaparates y artículos. Un dependiente se giró hacia la puerta cuando escucho unos pequeños pasos correr calle abajo. Gruñó, no quería ningún niño en su tienda de regalos a esas horas. Lo tocaban todo y luego robaban pequeñas cosas "sin importancia". Y estaba descansando, ante todo, eso era lo más importante. Ya tenía sus años y merecía algo más de paz.

  Se equivocó, un gato pasó a toda prisa delante de la tienda sin pararse, probablemente buscando a un ratón. Negó con la cabeza, sin cambiar el gesto de enfado de su cara. Siempre fue un tipo serio, alguien con quien mejor no meterse. De todas maneras... aquel gato era muy raro. Sobre todo porque era de un extraño color platino... amarillo... o marrón claro. Lo que fuese, brillaba mucho.

  La acera se perdía tras Draco, mientras aprovechaba la ausencia de la multitud y corría a su próximo escondite. No pasó una buena experiencia cuando caminó frente a todos esos muggles. Una chica de unos trece o catorce años le había cogido y tratado como a un gatito recién nacido. Tampoco es que le gustara mucho el animal en el que se había convertido, ahora que sabía cuál era. Un maldito hurón. Como si Moody no le hubiese traumatizado bastante aquella vez en cuarto curso. Lo más fastidioso era que su platinado pelaje llamaba la atención de todo el mundo. ¡Era imposible pasar desapercibido!

  Giró a la derecha y se puso tras unos barriles que contenían una sustancia asquerosa y negra. Se sentía incómodo, andando por calles muggles e inferiores a él. Apretó su pequeña mandíbula llena de colmillos inofensivos al sentir una de sus patas sucia. Para colmo, esa sustancia era pegajosa. Iba a necesitar volver a su cuerpo humano para deshacerse de ella, y para eso necesitaría ropa y un lugar oculto.

  La gente ya volvía a inundar las calles. Estaba harto, ¿cuánto más tendría que esperar para la siguiente carrera? Miró el ambiente y decidió que si no era por una buena razón, era mejor esperar. No quería más arrumacos aplastantes. De pronto vio algo que, a pesar de la publicidad muggle, le dio una idea. Esa era la buena razón, así que corrió lo más veloz posible, colándose entre las piernas de las personas hasta el interior del establecimiento.

  Era una tienda de ropa en la que las chicas reían y cogían tantos artículos que las estanterías quedaban vacías. También había un lado para los chicos, según pudo apreciar desde su altura y en los escasos segundos que tuvo antes de lanzarse hacia un probador de esa zona. Era uno que estaba cerrado y lleno de cajas, así que no debía usarlo nadie, sólo el personal. Hizo un esfuerzo por volver a ser él, ignorando el temor a no conseguirlo. Era peor la situación ahora que no tenía varita.

  Uno, dos, tres... Cogió aire al notar que estaba rodeado y abrió los ojos de golpe, pero sólo eran las paredes del probador y las cajas, que limitaban el espacio. Pero aquello era sublime, ¡volvía a ser humano! Bueno, casi. Agitó su mano de un lado a otro, pero seguía con el pelaje de su animal, justo la mano que se había manchado. Y había hecho aquello sin varita. Nadie podría volver a medirse con alguien como él, ahora que era tan buen hechicero que no necesitaba su ni varita. De todas formas, intentaría dar con una.

  Rebuscó por las cajas y encontró una camisa rota que usó para retirar la sustancia repulsiva. Después de eso, revolvió hasta dar con unos pantalones de tela vaquera y negros, un jersey extraño azul y unas deportivas también negras, con líneas blancas. El calzado era abundante, pero sólo ese le valía a él. El resto le quedaba medianamente bien, aunque no le gustaba la ropa muggle y pobre.

  Se permitió unos minutos más allí a solas, para pensar en la situación. No tenía varita, ni su ropa habitual, ni nadie con él que le delatara, además de que ya era mayor de edad. Las posibilidades de que los aurores se echaran encima suyo en cuanto saliera de allí eran casi nulas. El fallo es que seguía estando en Londres. Puede que un buen destino fuese Irlanda, ahora que era un Estado independiente de Inglaterra. Esos planes los dejaría para más adelante, ahora necesitaba un refugio y, muy a su pesar, el mundo muggle era su mejor opción.

  Salió del probador, ignorando a una empleada que le advertía que ese probador no podía utilizarse. Algo le picaba en el cuello, ¿qué era? Tocó su nuca y echó la mirada sobre su hombro, por donde salía un cuadrado de cartón, con unos números extraños. La arrancó sin fijarse mucho y también la del lateral de sus vaqueros. Esos muggles hacían hasta lo imposible para que su estancia en su mundo fuera cada vez más molesta.

  Siguió su camino fuera del establecimiento y no dio ni dos pasos cuando...

    -¡Eh, tú!- gritó alguien tras él.

  No podía ser, ¿cómo le habían encontrado? ¿Y de qué se supone que iba vestido ese auror? Destacaba incluso entre los muggles con ese uniforme azul, había que ser i***ta para vestirse así.  Por muy raro que fuese todo, le tocaba correr y eso fue lo que hizo. Escapó por toda la calle y giró en un callejón. Un callejón sin salida, ¿acaso servían para algo? ¿Era un complot del Ministerio para pillar a los "malos" siempre?

    -¡Las manos en alto, no te muevas! -volvió a oír al policía a pocos metros a sus espaldas.

  Se acabó, estaba perdido. Los dementores le quitarían el alma y no recuperaría su varita a tiempo para salir de esa. Tenía muy mala suerte, con todo lo que había conseguido hacer. Se giró lentamente, con las manos en alto, siguiendo las órdenes del auror. ¿Qué era eso con lo que le apuntaba?

    -¿Qué es eso? -le tembló ligeramente la voz al señalar lo que llevaba en las manos, asustado y sin poder evitar la pregunta.

    -Una pistola -había dudado de su pregunta, al considerarla realmente extraña. Puede que de la impresión, el chaval no la hubiera reconocido-. ¿Qué, te dedicas a robar ropa en tu tiempo libre? Los yonquis tenéis demasiado de eso -tan pálido, seguro que lo era.

  Bajó los brazos con un suspiro de alivio, ignorando todo lo que decía porque no le entendía.

    -Sólo eres un muggle -manifestó al darse cuenta, fastidiado por el susto.

    -Claro, claro -le sujetó un brazo y le esposó las muñecas-. Y ahora, a comisaría.
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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por AccioPluma27803 el Mar 15 Jul 2014 - 19:06

DRACO MALFOY DETENIDO!!!!!!
DIOS SANTO!!!!!! Eso si que no me lo esperaba. xD
En cuanto a la historia es interesante aunque creo que los animagos no pierden la ropa y la varita cuando se transforman. O al menos eso sale en las peliculas. Smile
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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por RiverCazador193 el Mar 15 Jul 2014 - 19:10

Yo recuerdo a Pettigrew dejando la ropa detrás de él xD Y he buscado información y lo que no haya puesto, es que no lo he encontrado (admito que lo de la varita es por dar tensión e.e, pero creo que a Peter también se le caía al suelo).
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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por CapaFantasma22426 el Mar 15 Jul 2014 - 19:31

Sigue asi, pero ... quiero saber como continua, quiero decir ...., Como su padre se entere de esto :O (?)

Quiero el próximo capitulo YA !!
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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por CarmesíHielo27295 el Mar 19 Ago 2014 - 16:13

Sistercitaaaaa, tienes que continuar la hist, que quiero seguir leyéndola. *0*
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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

Mensaje por RiverCazador193 el Miér 20 Ago 2014 - 1:20

Puff, si tengo el próximo capítulo pensado y medio escrito ya, pero no encuentro tiempo T.T Es lo que tienen las vacaciones, a ver si las visitas cesan y retomo esto e.e
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Re: [FF Harry Potter] Beatus Ille [15-Junio-2014]

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