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Mensaje por DraconisChispas54 el Lun 23 Jun 2014 - 1:12

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1º Concurso de FanFics: Halloween

Mensaje por DraconisChispas54 el Lun 23 Jun 2014 - 1:15

1º Concurso de FanFics: Halloween 2011
-El tema central es la celebración de Halloween.
-Deben aparecer personajes, escenarios o algo relacionado con la historia de Harry Potter
-Sólo se puede presentar un relato por persona.
-Debe cuidarse la ortografía, será un factor importante a valorar.
-Debe realizarse con el estilo de letra Arial y a tamaño 12, interlineado sencillo.
-Extensión máxima: 5 carillas
-Debe ser apto para menores de edad y no contener contenido racista, sexual, gore o cualquiera que pudiera herir la sensibilidad.
-Se presentará el relato en este mismo tema en spoiler. Para los que no lo sepan:
[s p o i l e r] Texto [/s p o i l e r] (Letras de spoiler juntas.)
-Plazo de presentación: Hasta el 28 de octubre (12 de la noche, hora londinense: GMT).
-Periodo de votación: 12 de la noche del 28 de Octubre - 12 de la noche del 30 de Octubre.

Participantes:

Votaciones y ganadores
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PlataGlow58

Mensaje por DraconisChispas54 el Lun 23 Jun 2014 - 1:16

La colina en Halloween
Era una mañana oscura en Hogwarts, el viento azotaba contra las ventanas del castillo con una violencia que Lara nunca había sentido en su estancia ahí. Por que no decir que tenía miedo si el cielo parecía que caería en cualquier momento. El tiempo así le hacia pensar en las historias de su padre; aun recordaba exactamente sus palabras “Eran tiempos oscuros aquellos en el que El Innombrable tendía su mayor poder, si. El cielo era gris y se veía todo el tiempo la estela negra que dejaban los mortifagos al pasar, cuando iban a buscar a alguien” era todavía hoy que esas palabras le helaban la sangre. Su padre un hombre muy conservador; nunca lo veía asustado, siempre tenia una broma para sus hijas y mujer, pero cuando hablaba de el Señor de las Tinieblas su rostro de volvía cenizo, sus ojos se desencajaban un poco y su voz temblaba. Solo esas diferencias en el Señor Cassell hacían que Lara quisiera esconderse debajo de su cama. 
Una de las ventanas se cerro de golpe provocando que Lara saltara y tirara sus libros en el piso del pasillo. Se agacho a acomodarlos en sus brazos diciéndose así misma que estaba sobreactuando, el colegio era el lugar mas seguro para estar. Se levanto no sin un poco de trabajo y siguió su camino hacia Estudios muggles, pensando en lo aburrida que seria una clase donde todo lo que dijeran lo sabia ya; ella era mestiza. 
Escucho unos susurros al final del pasillo, pero nos le dio importancia. Se arrepintió en el momento que un fantasma blanco se le presento enfrente levitando a un metro del suelo. Soltó un grito que hubiera avisado a todo Hogwarts, y realmente lo esperaba. Las piernas se le volvieron gelatina, sintió como el corazón bombeaba sangre en exceso, como se le volvían a caer los libros de su clase y unas risas. Hubo un momento en que las escucho y abrió los ojos, a poca distancia estaban unos Gryffindors muriéndose de risa y una sabana con agujeros como ojos estaba en el piso. Lo entendió al instante, una broma. 

-Dios- un chico rojo por la risa y casi ahogándose trataba de hablar- Vieron como se puso de blanca y solo por una sabana- 
No pudiendo seguir hablando, una chica que ella creía se llamaba Aria prosiguió –¿No se supone que eres una Slytherin?- soltó con desprecio –Ya vemos lo que valen.

Acto seguido tomaron la sabana y doblaron en la esquina desapareciendo de la vista de Lara. Si era una Slytherin mestiza y cobarde, a veces se preguntaba que demonios hacia en esa casa, pero después recordó que ella era especial. Si, lo era. Sabía hacer hechizos y encantamientos mejor que nadie, en un duelo muy pocas personas la vencerían. Su único problema era las historias, mientras no supiera ninguna su imaginación no se dispararía, pero tenia un padre que le había contado miles. Tal vez llegarían de sorpresa hombres lobos con vampiros a atacar Hogwarts “¡No! Es imposible” se dijo así misma retomando el camino a su clase, esta vez con la guardia en alto. Después de todo era época de Hallowen en una escuela de magia y hechicería, las bromas no faltarían.
.
.
.
Estaba en los terrenos del colegio practicando el hechizo convocador con las piedras y ramas. Su gato paseaba por allí esquivando cualquier hechizo que pudiera alcanzarle. 

-¡Ahhh! ¡Odio a todos esos malditos!- enojada lanzo un hechizo de desarme provocando que uno de sus compañeros cayera unos metros hacia atrás. 
-¡Wow! ¿A que se debe tanta rabia Larita?- Jo se levanto riéndose con un poco de dificultad. 
-Es esa Aria. Me odia y la odio, ya sabes… nuestra relación no es muy amena.
-No te lo tomes tan en serio. ¿Qué pasó?- se sentó debajo del árbol donde Lara tenía doblada su túnica encima de su mochila.
-Fue en clase de Cuidado de las Criaturas mágicas. Aria respondió una pregunta mal y bueno, ¡Si! La corregí. ¿Qué tiene de malo?- hizo un gesto restándole importancia, mientras Jo reía- Puso mala cara y logró que Hagrid me pusiera de castigo por responder sin ser autorizada.
-Vamos Lara, deja ya de molestarla. Solo lograran odiarse más.
-Hablemos de otro tema- dijo Lara mientras se sentaba al lado de Jo.
-Esta bien. Oíste la historia que esta circulando por ahí- el rostro y la voz misteriosa de Jo hicieron que a Lara se le iluminara la cara. Aunque luego se asustara, no podía negarse a una historia.
-No, y deberías estar contándome- Jo siguió en silencio, disfrutando de la exasperación de Lara- ¡Ahora!
-Bueno, bueno. Esta es una antigua leyenda, cuenta que es exactamente lo que pasara en Halloween.
Empieza así: 
Solo tienes que saber que Aleph realmente no vivió, le contó esto a un niño en esa misma colina, con esa misma sonrisa, 550 años después. La triste historia comenzó exactamente tres días antes de Hallowen>> 

Jo se levantó despacio, Lara miraba el infinito aturdida. Él se arrodillo a la altura de su oído y le susurro –En una semana es Hallowen Lara y esta historia se volvió a contar en esta colina hace exactamente 459 años y 358 días- acto seguido salió corriendo, dejando a Lara.

Faltando tres días para Hallowen, Lara había olvidado la historia. Después de reaccionar y ver a Jo corriendo, salio tras él. Le dio unos buenos golpes, gritándole que dejara de inventar historias. Obviamente ella no creía que eso hubiera pasado. Solo era Jo y sus ganas de bromear.

Estaban junto a lo Ravenclaw en clase de Historia de la Magia, cada alumno estaba casi dormido sobre sus libros. Tanto que cuando salieron no se dieron cuenta que algunos profesores se miraban preocupados. No fue hasta la cena en el gran comedor que Lara no se dio cuenta que el Prof. Dumbledore no estaba en su silla habitual. Frunció un poco más el seño fijándose que la Prof. McGonagal miraba preocupada el asiento. No le dio importancia, después de todo el era el director y debía tener asuntos fuera. EL veradero terror se instauro entro los estudiantes cuando el Sr. Filch entro corriendo en el gran comedor con la Sra. Norris en sus brazos gritando.

-¡Hay sangre! ¡Es sangre! ¡Estoy seguro! ¡En el lago!

Después de esta declaración todos lo estudiantes, incluida Lara gritaron despavoridos y corrieron por los pasillos del colegio. Ignorando las voces de los profesores. Los Slytherins decidieron que el mejor escondite eran las mazmorras. Alli se encontraban todos.

-Te lo dije- Jo llego junto con Jim, Scorpius y Tahan, todos amigos de los dos- Pero cuando te conté la historia pensé que era mentira- Jo estaba desesperado se jalaba el cabello desesperado. En un momento saco su varita de la túnica y se la coloco en la garganta.

-Sonorus- su voz se amplifico y escudó por encima de todo el barullo- Slytherins, creo que todos hemos leído la historia y sabemos que pasa- hubo una confirmación de todos, entonces Jo siguió- Creo que lo que debemos hacer es organizarnos. Primero sacaremos nuestras varitas, a cualquier indicio de movimiento debemos estar preparados. No descarto que sea una broma por Hallowen, pero es preferible esto a no saber.

Jo siguió dando otras directivas; Lara pensó en ese instante que bien podría ser una broma. Su cuerpo se relajo un poco, igual tomo su varita. Pasaron la noche ahí, de vez en cuando se escuchaban algunos gritos de arriba. Suponían que cada casa se hubiera ido a su lugar seguro. Lo que se preguntaban era donde estaban los profesores. Al lado de Lara, Tahan, mormuraba cosas como “debe ser una broma, si es eso. Vamos esa historia fue puro invento, además como se pudieron llevar esos espíritus a los profesores. ¡Ellos son mago!...” Por otro lado Jim recitaba de memoria los hechizos imperdonables. Scorpius solo miraba la puerta, internamente rogando porque el Prof. Snape llegara. Pero no sucedió.
Ya era la mañana del otro día y nadie se quería arriesgar a salir. No fue hasta media hora después que uno de 7mo, Theodore Masvelt, se levanto con su varita, abrió la puerta y subió las escaleras. Todos los Syltherins contuvieron el aliento hasta que Theodore volvió a abrir la puerta blanca como un fantasma. Miles de voces se levantaron preguntando.

-Me encontré con Cynthia Salles, la prefecta de Hufflepuff. Dice que los profesores desaparecieron, incluso Filch. Los Gryffindors salieron del castillo, hay sangre en el bosque. 

Un silencio lleno las mazmorras. Lara sintió su corazón detenerse, se avecinaba algo malo, terrible. Todos lo sentían.

La madrugada de Hallowen nadie durmió allí. Esperaban oír los gritos. Escuchar los susurros. Nada paso. Lara sintió ganas de correr, lo hizo. Se levanto muy deprisa, fue a la puerta. Miro hacia atrás Jo le dijo con la mirada que el se quedaría, igual que Jim. Tahan y Scorpius ya estaban detrás de ella.

-Nos vamos- dijo tajante Scorpius.

Y lo hicieron. Llegaron a las escaleras, todo estaba desierto y a oscuras. Lara susurro lumus provocando que de su varita saliera una luz blanca que iluminaba unos pocos metros delante de ella, escucho a sus dos amigos hacer lo mismo.

Tahan fue el primero en hablar- Bien deberíamos irnos Pero ¿Cómo?
-Escobas- Scorpius no tuvo en cuenta que las escobas estaban en el terreno de Quiddicht. 

Estaban pensando como huir, cuando Lara sintió una voz justo en su espalda. “Te quiero a ti” No supo que paso con los otros, solo se vio corriendo lazando hechizos y encantamientos a todo lo que se le ponía delante. La voz reía detrás, las piernas se le volvieron gelatina. EL pecho se le cerraba, no podría mas. La adrenalina surcaba por sus venas a un velocidad impresionante, pero no la ayudaría si sus pulmones decidieran no funcionar mas y parecía que se estaban debatiendo esa posibilidad.
Lara se dio cuenta que estaba corriendo hacia la colina “¡La colina no! Su mente grito, pero por alguna razón no podía cambiar de rumbo. Su cuerpo la llevaba hasta ahí. Decidió parar y enfrentarse a lo que fuera que había ahí. 

-¡Desmaius!- después de gritar, la voz volvía a reír. Solo que ahora no solo era un sonido sino también era un cuerpo uniforme. 

-Usar tu magia no me acabara.

-Cruccio- aunque se arrepintió en cuanto lo dijo, su vida en este momento era primero.

-Una maldición imperdible. Que mala era- se mofo la sombra.

Lara tembló. En la sombra se formo una sonrisa macabra. Entonces Lara lo supo.

Las calabazas con velas son divertidas, dulce o truco es para los más niños. Los disfraces una perdida de tiempo. Solo los que llegaban a la colina sabían lo que de verdad era Hallowen, Dejarían que todos volvieran a olvidar la historia, luego volverían.
No pasarían 550 años hasta que un Hallowen similar ocurriera.
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Roblemurciélago172

Mensaje por DraconisChispas54 el Lun 23 Jun 2014 - 1:18

UN HALLOWEEN MUY ESPECIAL

Al levantarse de la cama se vistió con el primer jeans que encontró y una camisa a
rayas azules y rojas, se dirigió hacia la puerta y se detuvo al llegar al espejo
que estaba encima de su escritorio, se miró en el y le devolvió la vista un
niño delgado, pelo negro desordenado que crecía en todas las direcciones y unos
brillantes ojos verdes heredados.
Bajo a desayunar y tomo asiento en la reluciente cocina donde todo era ajetreo de
ollas, platos y tasas.
- Arréglate esa camisa Albus Severus, y siéntate a desayunar – dijo una mujer alta, delgada
y con el cabello color fuego.
Ginny coloco delante de su hijo un pocillo lleno de avena y le ordeno que se lo
comiera mientras salía a buscar a su hermana, mientras en el fregadero los
platos se lavaban por arte magia.
Todo alrededor de Albus era mágico desde la radio que sintonizaba los cuarenta
magistrales que en ese instante tocaba una vieja canción de las brujas de
Macbeth, la banda favorita de su madre, que estaban cantando en ese momento “do
the hippogriff” que era uno de sus viejos temas. El viejo reloj que estaba en
sima del refrigerador muggle, que en vez de marcar la hora mostraba a cada
integrante de la familia, había sido un regalo de su abuela para su madre el
día de su boda, por lo que le había dicho su madre ese reloj antes mostraba a
los integrantes de la familia Wesley, pero ahora mostraba a su familia, su
madre y sus dos hermanos y la de él mismo marcaban en casa, mientras que su padre
marcaba en el trabajo y Teddy aparecía en el colegio, mediante un embrujo, su
padre había incluido también la manecilla de su ahijado en el reloj, más para
mantenerlo vigilado que por otra cosa según explicaba él.
La magia dominaba su mundo, porque su familia no era común, era una familia de
magos y brujas de lo más respetada en el mundo mágico, aunque ellos vivían en
un suburbio Muggle, en el cual asistían a clases junto con otros chicos de la
zona.
Echándole un vistazo al calendario que se encontraba en la cocina vio marcada la fecha 31
de Octubre del 2015, incluso el calendario celebraba la magia ese día. Y ese
era el día que menos le gustaba de todos.
Con un largo suspiro Albus continuo comiendo su avena hasta que su madre volvió a
entrar en la cocina con su hermana Lily de la mano, Lily tenía solo 6 años,
pero era lista y vivaracha aunque muy cariñosa, se lanzó sobre la silla y le
dio una gran sonrisa a su hermano, detrás de ellos llego James, aun con cara de
sueño, era claro que su madre lo había hecho levantar a tomar desayuno todos en
familia.
Ginny les sirvió desayuno a sus otros dos hijos, pero antes de que pudiera entregarle
el plato de avena a Lily, ella había movido los dedos atrayendo hacia ella su
desayuno, este se desprendió de las manos de Ginny y voló en dirección a Lily.
- ¡Lily! – la reprendió su madre – ya te he dicho que no hagas magia de esa manera.
Albus miro con envidia a Lily, tanto ella como su hermano James habían mostrado los
signos de la magia a temprana edad, de hecho de bebe que Lily podía atraer las
cosas por arte de magia lo que había generado más de un problema y más de un
hechizo desmemorisante, al tener que vivir en un barrio muggle.
Solo el Albus no había mostrado signos de poderes mágicos, cosa que según sus padres no
había de que preocuparse, existían casos que estos no se presentaban hasta los
diez o hasta los once años inclusive, pero a él sí que le preocupaba lo que más
deseaba era ir a Hogwarts igual que su padre y pertenecer a Griffindor como
toda la familia, incluso Teddy pertenecia a Griffindor, uno de sus mayores
temores era no ser lo suficientemente mágico para poder ingresar, su hermano
James siempre lo molestaba con que él iba a tener que vivir como Squib por
siempre.
Es por eso que no le gustaba Halloween, todos celebraban a los brujos y magos, pero él
no era nada de eso, incluso los muggle celebraban siendo que no creían en cosas
como la magia, pero como él sabía que si existía, sentía la envidia de no poder
pertenecer a ella.
Ginny continuaba retando a su hermana, pero la niña solo reía, con un largo suspiro
Ginny miro el reloj sobre el refrigerador, este mostraba la manilla de Harry
Potter de trabajo a Viajando, una sonrisa ilumino su rostro y la de sus hijos
cuando estos también se fijaron en el reloj.
Levantándose de la mesa los tres niños corrieron hacia la puerta de entrada y salieron al
jardín, dirigieron sus miradas al cielo y esperaron expectantes, el sonido de
un ruidoso motor se venía acercando cada vez más, cuando el sonido cruzo la
reja de la casa apareció de la nada una moto de grandes dimensiones en la que
venía montada una persona con gafas redondas, pelo enmarañado barba de pocos
días y unos brillantes ojos verdes, pero lo que más llamaba la atención era la
brillante cicatriz en forma de rayo que se veía iluminada en su frente, los
tres niños corrieron hacia su padre , Lily se le colgó del cuello apenas este
desmonto de la motocicleta, mientras sus dos hijos le tironeaba los brazos,
cosa que lo hizo caer y rodar por el césped de la entrada abrazando a sus hijo,
mientras este le daba cariñosos besos en sus caritas, estos se reían a
mandíbula batiente.
Al levantarse se acercó a Ginny y le dio un largo beso como saludo.
- He hablado con Ron y Hermione han dicho que vendrán en un rato más, porque
Hermione aún está atrapada en unos temas en la oficina.
- Perfecto eso dará tiempo a que prepare las sorpresas para esta noche, niños adentro a
terminar el desayuno – dijo Ginny. – que tal la oficina.
Así se fueron caminando hacia la cocina, entraron todos y los tres niños se dirigieron
a terminar su desayuno para poder salir a jugar en el patio tra**** de la casa.
A eso del medio día llegaron tía Hermione y tío Ron junto con sus hijos Rose y Hugo,
rápidamente Albus separo a Rose para jugar, era su prima favorita de por lejos,
dado que compartían hasta la edad, era su mejor amiga y confidente, solo ella
sabía lo mucho que sufría este por no poder hacer magia aun, ella había
compartido esa preocupación con el hasta su ultimo cumpleaños, cuando de
improviso hizo levitar su torta de cumpleaños por toda la mesa, también sabia
lo mucho que lamentaba su primo la llegada de Halloween por eso lo acompaño al
patio y trato de distraerlo para que no se acordara del día.
Estuvieron jugando todos en el amplio patio que tenían los Potter, con una maleza que
crecía en todas direcciones, altos árboles frutales, que tapaban la vista de
los patios colindantes, medida que habían tomado Ginny y Harry dado que a James
y Lily, se les ocurría hacer magia de vez en cuando, lo cual era una suerte
porque en ese momento James perseguía furioso a su hermana que había tomado la
Saeta de fuego de juguete que su padre le había regalado en su cumpleaños
número 10, Lily la había tomado y daba vueltas por todo el patio riendo a
carcajadas, tanto Albus, Rose, y Hugo se reían de la cara de James que cada vez
era más roja.
Cuando entraron a la casa más tarde, vieron que la decoración del salón y de la casa
entera había cambiado, cientos de calabazas luminosas y terroríficas estaba
esparcidas por todos lados, las telarañas cubrían las paredes y ventanas, los
barandales de la escalera estaba cubierto de arañas disecadas que encantadas
parecía que subían y bajaban la escalera moviendo su horribles patas, al verlo
Ron dirigió una mirada furibunda a su hermana y le agradeció el detalle, en
toda la noche Ron no se acercó a las escaleras. 
Subieron a cambiarse de ropas, que estaban todas cubiertas de tierra y pasto, y al bajar
su madre había preparado una cena compuesta por dulces de todos los tipos,
Grageas de todos los sabores, Ranas de Chocolate, calderos de chocolate,
bombones de menta, Droobles, Meigas frita, Varitas de Regaliz, empanadas de calabaza y zumo de calabaza para los niños e hidromiel con especias para los adultos.
Al ver esa gran colección de dulces, los cinco niños corrieron hacia ellos, y se sentaron en el suelo comiendo de todo, James se hizo el valiente y tomo una gragea color verde fango que nade quiso comer y para su disgusto resulto col de Bruselas, pero a pesar de todos los dulces, y la diversión reinante, Albus no podía dejar de pensar que él no era parte de ese mundo, ya que no tenía magia, al ver que Albus ponía cara triste, Harry le
dio un codazo a Ron quien lo miro y de inmediato entendió.
- Niños quieren oír una historia de miedo que les pondrá los pelos de punta – dijo con
voz sombría Ron.
Los niños estallaron en aplausos y corrieron a sentarse a los pies de Ron.
- Cual nos vas contar tío – pregunto James sonriente – la vez que los atacaron los
hijos de Aragog.
- O la ves que te enfrentaste a cientos de boggarts que se transformaron en los
hijos de Aragog – pregunto Hugo sonriente – y que te dio tanto miedo que
saliste corriendo hasta que mamá llego a ayudarte.
- O lago relacionado con arañas gigantes – pregunto inocente Lily.
- Te dije que jamás contaras esa historia – dijo Ron dirigiéndose a Hermione que se
reía con ganas, así como también Harry y Ginny – pues no, no son esas historias
– dijo ron molesto hacia sus sobrinos e hijos – y nada de arañas, ahora cállense,
si es que quieren escuchar la historia.
<< Hace no muchos años, - comenzó Ron con vos de ultra tumba – en un una casa igual a
esta, vivían unos magos que todos creían eran especiales, tenían mucho poder
mágico y tenían varios hijos igual de mágicos, una noche de Halloween fueron
visitados por un ser maligno, que atraídos por la magia del lugar vino a
llevárselos para alimentarse de ella, esa noche empezaron a desaparecer,
primero fueron los adultos, luego los niños, pero solo quedo uno el hijo de en
medio, que vivió toda la vida con el terror de que el ser maligno volviera por él,
se dice que este ser sigue suelto y que visita las casas de brujos cada noche
de Halloween>>
Temblando de miedo Albus miro alrededor temiendo ver la sombra de aquel ser, de repente las luces de la casa empezaron a titilar y de un fuerte bombazo se apagaron por un
segundo, al volver en el sillón no había nadie, ni Tío Ron ni tía Hermione, así
como tampoco sus padres, dando un fuerte grito los cinco niños se pusieron de
pie, cuando de nuevo quedo todo en oscuridad por un segundo James había
desaparecido, otra vez quedaron a oscuras y esta vez fueron Lily y Hugo los que
desaparecieron.
Tanto Rose como Albus estaban abrasados temblando del terror, cuando de nuevo volvió a quedar todo a oscuras, Albus sintió como Rose soltaba sus brazos justo en el momento que volvía
la luz nuevamente, Albus se vio solo en la amplia sala de los Potter.
El terror si es que era posible, se redoblo, comenzó a llorar a gritos, el miedo invadió cada
célula de su ser y en ese momento despertó.
Las luces de la sala comenzaron a parpadear, las calabazas que estaban por todos lados comenzaron a levitar y la llama dentro de estas doblo su tamaño y derritiendo la calabaza,
estas comenzaron a girar sobre la cabeza de Albus que seguía llorando a gritos
y no se había dado cuenta de nada.
Desde el rincón de la sala, Rose se desprendió de la capa de invisibilidad que ocultaba a todos, y
corrió hacia su primo, le dio un fuerte abrazo, y susurro palabras
tranquilizadoras, de apoco Albus se fue calmando.
- Albus mírate – dijo Rose, con una gran sonrisa – estás haciendo magia Albus, mira
haces magia – dijo mientras señalaba la cabeza de este.
Albus levanto la mirada y vio como volaban las calabazas que se estaba derritiendo por la gran
llama que salía de su interior.
- Eso lo hago yo – dijo atónito Albus – yo estoy haciendo eso.
- Si hijo – dijo Harry tomándolo en brazos – discúlpanos el susto, solo era una
broma, pero mírate ahora ya haces magia.
- A quien le importa el susto, mírame papi, hago magia, mami hago magia, tíos miren
– decía Albus señalando hacia el cielo las calabazas que seguían girando –
James ya no seré un Squib, jajá, podre ir a Hogwarts, seré un Griffindor –
decía Albus con la cara iluminada de felicidad.
- Apuesto que serás Slytherin – dijo riendo James – Serás Slytherin, Serás Slytherin,
Serás Slytherin – decía cantando James.
- MAMÁ – Grito Albus desde los brazo de Harry.
- Ya basta James – Reprendió Ginny.
- Serás Slytherin – Continuo James riendo.
Pero a pesar de las burlas de su hermano, Albus no podía dejar de estar feliz, ya era un mago, podría ir a Hogwarts y por fin podría celebrar Halloween.
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EscarlataAcónito7

Mensaje por DraconisChispas54 el Lun 23 Jun 2014 - 1:19

El Halloween de Draco

La noche de Halloween siempre había sido su favorita, y siendo este su último año en Hogwarts, se aseguraría de disfrutarla al máximo. Esa noche no pensaría en que el Señor Oscuro había tomado el control de casi todo el mundo mágico incluyendo el colegio. Esa noche solo quería olvidarse de todos los problemas y divertirse, quizás asustarse de alguna historia de terror, comer dulces, gastar algunas bromas y luego irse a dormir con una sonrisa en el rostro. Los problemas reales podían esperar una noche.

En la Sala Común de Slytherin Draco Malfoy decidía que camisa ponerse para la ocasión. Los años anteriores habían realizado grandes fiestas, pero este año prometía ser distinto. Los nuevos directivos no estaban tan interesados en organizar celebraciones como en capturar a Potter y su pandilla. Muchos alumnos les habían enviado numerosas botellas de hidromiel y whisky de fuego, rogando que los bebieran y se animaran, pero ya nadie era tan optimista. Finalmente se decidió por una camisa negra con finos detalles plateados que hacía juego con sus ojos grises y se dirigió junto con sus amigos al Gran Comedor.

Al llegar un silencio expectante los recibió. Eran claras las ganas de todos de festejar, pero al mismo tiempo todos temían que se los castigara por ello. Las paredes estaban adornadas con calabazas con caras terroríficas que esperaban a que alguien pasara desprevenido para asustarlo gritándole por la espalda. En el techo revoloteaban cientos de murciélagos y las luces de las velas habían sido encantadas para que expulsaran una lúgubre luz rojiza. Todo obra del profesor Flitwick desde luego.

Draco tomo asiento en la mesa de Slytherin, con Zabini a su derecha y Crabbe y Goyle enfrente de ellos. De inmediato la mesa se llenó de los más exquisitos manjares que puedan imaginar. De pronto se escuchó un grito y todos giraron la cabeza expectantes. Una alumna de primero no había visto la calabaza que estaba detrás de ella. Fue como si el hechizo del silencio se rompiera. Todos en el Gran Comedor empezaron a reír y a charlar. Fue como si todo hubiese vuelto a la normalidad.

Al cabo de un rato todos habían terminado de comer, pero nadie parecía tener deseos de irse a la cama. Era la primera vez en el año que podían divertirse, hablar y reír sin miedo de ser castigados. Draco no pudo evitar un momento de nostalgia al pensar que éste era su último año en el colegio. Se excusó con sus compañeros un momento y fue a pasear por los alrededores del castillo. Necesitaba un poco de aire. Finalmente decidió sentarse contra un árbol. A su izquierda se encontraba el castillo con sus ventanas que apenas despedían luz, a su derecha el lago con su suave movimiento ondulante, y sobre él la luna que brillaba dejándolo a él y a todo a su alrededor en penumbra.

Así se encontraba mirando el reflejo de la luna en el lago, repasando mentalmente sus años en Hogwarts cuando le pareció escuchar un murmullo a sus espaldas. Draco agudizó el oído.

- “Pero, está segura?” – preguntaba una voz a la que Draco reconoció como la de Alecto Carrow
- “Acaso te atreves a desafiar las ordenes de nuestro Señor?” – escuchó decir a la voz de su tía
- “¿Algún problema Bella?” – intervino una tercera persona. El terror paralizó a Draco, esa voz sólo podía pertenecerle a una persona, y no podía augurar nada bueno
- Mi señor, son sólo niños – exclamó Alecto
- Y sus padres han olvidado que debían protegerlos. Créeme que he hecho cuanto pude para evitarlo, ahora ¿Cumplirás mis órdenes, o también debo recordarte tu lugar?

El rubio agazapado tras el árbol no creía lo que acababa de oir. Mejor dicho no quería creer El tiempo parecía no pasar. Finalmente comprendió lo que estaba pasando. No podía irse y abandonar a sus amigos, debía entrar y ayudarlos. Draco se armó de valor, se levantó y caminó hacia el castillo con la varita en la mano.

Le sorprendió lo siniestro que podía verse el colegio. Las llamas rojizas que antes le parecían una decoración estupenda ahora le hacían ver sombras moviéndose en todas las esquinas y rincones. Las calabazas que seguían enteras eran un peligro puesto que podían delatar su posición. Si bien el tenía la marca y sus padres eran leales servidores del Innombrable, era muy probable que lo atacaran igual. Era increíble como los pasillos que hacía varios minutos estaban repletos de estudiantes bulliciosos se encontraban vacíos y silenciosos. Draco tenía la sensación de que Hogwarts había muerto.

Nunca le había resultado tan larga la distancia desde la puerta de entrada del castillo al Gran Comedor. Le pareció como si hubiera caminado por horas. El silencio era tal que podía oír como su corazón latía desbocado dentro de su pecho. Al llegar, se alivió al no ver a nadie, quizá todo había sido producto de su imaginación, desde la muerte de Dumbledore había tenido terribles pesadillas .Algo sujetó su tobillo.

- Draco, ocúltate! ¿O quieres que te maten? – Al mirar el suelo, todo el alivio que había experimentado se esfumó. Oculto entre los cuerpos de varios alumnos estaba su mejor amigo Zabini, sujetándole el tobillo y haciéndole señas de que se escondiera con él.
- Blaise ¿Estás bien? ¿Qué ocurrió? – preguntó Draco al tiempo que se acostaba y cubría con los cuerpos sin vida de dos alumnos de Ravenclaw
- Draco, esto es una locura. Todos estábamos festejando cuando entraron los hermanos Carrow echando maldiciones hacia todos lados. Al principio creí que se habían enojado por la fiesta pero el Innombrable está aquí Draco. Están matando a todos! Mataron a Crabbe, en la confusión perdí a Goyle. Sólo atine a tirarme al suelo y esconderme. Tenemos que hacer algo. Tenemos que huir – era evidente que Zabini había perdido el control.
- Tenemos que encontrar a Goyle, no podemos abandonarlo
- Seguramente ya está muerto! Todos están muertos, y también lo estaremos nosotros si no nos vamos
- Maldita sea Blaise, contrólate. Yo estaba fuera del castillo y volví por ti, no pienso abandonar a mis amigos. Necesito que te calmes y me ayudes.

Lentamente se pusieron de pie, y salieron del Gran Comedor. Ambos muchachos estaban completamente pálidos, el piso estaba alfombrado por los cuerpos de sus compañeros. Había gente de todas las casas. Algunos tenían expresión serena, era evidente que no se habían enterado de nada, pero a medida que avanzaban los rostros iban mostrando más terror, pánico, desesperación. Finalmente Draco no fue capaz de seguir mirando.
Al llegar al pasillo decidieron que lo mejor era moverse por los pasadizos, de esa forma acortarían camino. Pero los pasadizos secretos estaban totalmente a oscuras, no podrían ver nada y era demasiado peligroso iluminarlo con sus varitas. Irían tanteando en la oscuridad. Habían tenido suerte hasta ahora e internamente rogaban seguir teniéndola. Aterrorizados ante la idea de encontrarse al mismísimo Señor Oscuro detrás de la gárgola que ocultaba el pasadizo ninguno se animaba a entrar primero.

De pronto ambos contuvieron la respiración y escucharon atentos. Claramente podían oírse pasos, lentos, seguros, confiados. Pasos que cada vez estaban más cerca. Tanto Draco como Zabini saltaron dentro del pasadizo y miraron expectantes, atentos a cada detalle. Eran consientes de lo peligrosa de la situación, pero necesitaban ver. Lentamente una sombra fue apareciendo en el pasillo, los pasos se detuvieron justo frente a la gárgola que los escondía. Draco logró reconocer a su tía Bellatrix. Si ella los descubría estaba seguro de que los mataría. Su corazón iba a explotarle en cualquier momento, ya no soportaba la tensión. Los segundos que Bella estuvo de pie inmóvil, a ellos les parecieron siglos. Pero para su fortuna la mortífaga desistió y siguió su rumbo.
Ambos respiraron aliviados una vez que dejaron de oírse las pisadas de la mujer.

- Será mejor que nos apresuremos, y no hagamos ruido – dijo Draco.

Blaise apenas atinó a asentir. Su rostro estaba excesivamente pálido, parecía a punto de desmayarse. Sin más comentarios caminaron a oscuras por el pasadizo. De vez en cuando se detenían creyendo escuchar algún ruido a sus espaldas, pero por suerte no tuvieron mayores dificultades. Si bien el camino estaba oscuro y no se animaban a alumbrarlo no parecía que nadie hubiese pasado por allí.

Una vez fuera del pasadizo debían recorrer tres corredores más para llegar a la Sala Común. Zabini iba adelante mientras que Draco vigilaba la retaguardia. Antes de virar en la segunda esquina Zabini quedó paralizado. Draco no comprendía que ocurría

- Por favor. Mi familia siempre le fue fiel a nuestro Señor y también lo soy yo. Estoy seguro que su orden fue asesinar a los hijos de los miembros de la orden, no a mi – era la voz de Goyle, estaba llorando, suplicando por su vida
- Jajaja lo siento chico, pero mi hermana y yo cumplimos ordenes, no las interpretamos – dijo Amycus Carrow

Luego escucharon un grito ahogado, y vieron como una mancha de sangre se expandía en el suelo en dirección a ellos. Al mismo tiempo se dieron vuelta y comenzaron a correr, pero fue demasiado tarde. Los habían visto.
Desesperados y aterrados corrieron por los pasillos sin ninguna idea clara de hacia dónde iban. Lo único importante era escapar. Varias veces las maldiciones que lanzaba Amycus les rozaron las orejas, pero por algún milagro lograron escapar.

- Creo que lo perdimos – dijo agitado el rubio
- Creo que no sé donde estamos – le respondió Blaise
- Lo importante es que estamos vivos y así debemos seguir

Caminaron un rato sin rumbo intentando orientarse, hasta que dieron con el aula de encantamientos. La salida no estaba lejos. De la nada una de las calabazas encantadas comenzó a gritarles. Ambos comenzaron a correr nuevamente, pero la calabaza los perseguía gritando ¿Acaso los mortífagos las habrían encantado para que los siguieran y así encontrarlos sin problemas? Blaise se detuvo, ya no soportaba más. Se había escondido entre cadáveres, había visto a sus amigos y compañeros morir, no permitiría que una calabaza lo delatara de esa manera. Con un movimiento de su varita hizo explotar a esa fuente de sonido infernal. Se volteó para mirar a Draco con una sonrisa

- No fue tan difícil, ver… - pero nunca llegó a completar la frase, una potente luz lo atravesó partiendo su cuerpo a la mitad tal como había ocurrido con Goyle.

Draco no reaccionó a tiempo y un segundo después estaba arrinconado y había perdido su varita. El mismísimo Innombrable estaba ahí, él había asesinado a Blaise y Draco sabía que era el siguiente

- ¿Por qué? – Preguntó Draco, su voz no sonó tan firme como él deseaba. Se le notaba el miedo
- ¿Por qué Draco? Porque tus padres me traicionaron, y porque ya no te necesito – Le respondió burlonamente Lord Voldemort. 
- Maldito! – Le espetó Draco y dejó escapar un sollozo. El Señor Oscuro se le acercó más, Draco podía sentir su aliento putrefacto rozándole las orejas
- No temas, tus padres ya te están esperando en el infierno mocoso patético

Con esas palabras Draco perdió la poca compostura que le quedaba. Voldemort había matado a sus padres, a sus amigos y ahora lo iba a matar a él. No podía terminar así. Sencillamente no podía. Una luz verde salió de la varita del Innombrable y el mundo de Draco se oscureció. De pronto se sintió tranquilo, sintió que ya nada importaba. Una sensación de calidez lo envolvía. Poco a poco se le fue adormeciendo el brazo derecho hasta que ya casi no lo sentía. De pronto escuchó una voz familiar

- Draco ¿qué haces? – Era la voz de Blaise

Draco abrió los ojos. Estaba recostado sobre su brazo derecho en la Sala Común. Estaba atardeciendo, faltaba poco para la hora de cenar

- Vamos amigo, no querrás perderte la cena de Halloween, Flitwick decoró todo especialmente para la ocasión. – dijo Blaise mientras le alcanzaba una camisa negra con finos detalles plateados.
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UnicornScale122

Mensaje por DraconisChispas54 el Lun 23 Jun 2014 - 1:20

EL TROLL DE HALLOWEEN
Desde que llegué a Hogwarts y supe que era una bruja, he estado aprendiendo mucho sobre la asignatura historia de la magia, y también de todas las demás. Pociones se me da fatal, no controlo la temperatura. Transformaciones es la clase que más me gusta, además que se me da muy bien.
Estoy muy contenta de estar en Slytherin, sobre todo porque aquí he conocido a muchos amigos en especial a Ben que lo conocí la primera vez que fui a Olivander, se lleva muy bien conmigo, también he aprendido muchas cosas hasta ahora.
Al principio estaba muy nerviosa, ya que no conocía a nadie e iba a estar sola los primeros días sin saber qué hacer ni cómo comportarme con cada persona.
Cuando el sombrero seleccionador eligió mi casa, ese chico de Gryffindor que conocí en Olivander me miró fijamente hasta que me aparto la mirada pero siguió mirándome disimuladamente.
Tengo muchas ganas de que llegue Halloween este año, sobre todo porque la comida está muy buena y se pasa muy. Halloween es esta noche y aún no tengo disfraz, me gustaría disfrazarme de vampira, así que voy a comprarlo en este instante.
Ayleen se fue a comprar el disfraz y mientras tanto se preparaban los objetos y las comidas necesarias para esta noche
Cuando Ayleen llegó, todos sus amigos ya estaban listos para la cena.
Ayleen subió las escaleras del cuarto de las chicas lo más rápido que pudo, para llegar a punto a la cena de Halloween.
Mientras tanto Ben (el chico que la miraba) la esperaba en las mazmorras.

- ¡Ya estoy aquí Ben! – Dijo Ayleen poniéndose las manos en las rodillas, cansada y acalorada de correr por los pasillos y asombrándose por el disfraz de Ben.
- No hacía falta que vinieras corriendo – Contestó Ben mirándola con una pequeña sonrisa.
Ayleen se rió poniéndose las manos en la boca y cerrando los ojos y dijo: No me esperaba que fueras igual que yo, de vampiro.
- Yo tampoco me lo esperaba, la verdad. – Respondió Ben mirándola asombrado de arriba abajo.
¿Nos vamos? – Dijo Ben mirando la hora.
Ayleen sonriendo, asintió con la cabeza, entonces se fueron juntos en dirección hacia el gran comedor.
Cuando llegaron al gran comedor, todas las velas y calabazas flotaban por la habitación y en el techo se veía el cielo, con murciélagos atravesándolo.
Ayleen y Ben se sentaron en su casa correspondiente lo más cerca posible. 
Y todos empezaron a comer chucherías de la mesa.
- ¡Ups! – Murmulló Ayleen tapándose la boca y a la vez levantándose.
Ayleen se levantó y se fue sigilosamente por el pasillo del gran comedor hasta llegar a la puerta y cerrarla cuidadosamente.
En ese momento Ben miró a Ayleen y no estaba, entonces giró la cabeza hacia la puerta a la que vio cerrarse silenciosamente.
Ben se levantó, y en ese momento entró el profesor Quirrell gritando:
¡Troll… troll en las mazmorras! – Gritó Quirrell y cayó al suelo desmayado.
Ben salió corriendo lo más rápido que pudo antes que nadie.
Intentaron detenerlo, pero no lo alcanzaron.
Mientras, Ayleen llegaba a las mazmorras
- ¡Puaj! ¡Qué mal huele! – Dijo Ayleen asqueada mientras andaba por el pasillo.
Ayleen siguió andando, pero en la esquina divisó una enorme sombra gruesa y se paró ya que además olía fatal por ahí hacía ya un tiempo.
Entonces de la esquina provino un rugido y salió un enorme y horrendo troll verdoso con un mazo en la mano derecha, levantó el mazo y fue rugiendo a por Ayleen.
- ¡Ah…! – Gritó Ayleen mientras salía corriendo aterrorizada, sacando su varita y pensando en un hechizo que le sirviera en ese momento.
¡Carpe Retractum! – Gritó Ayleen desesperada mientras corría agarrando la varita en dirección a las lámparas del techo.
Ayleen salió disparada hacia el techo y le pasó por la cabeza al troll, mientras que el troll se paró y se quedó mirando hacia arriba rugiendo y con su típica cara de tonto e intentó darle a Ayleen con el mazo varias veces.
Ayleen cayó al suelo y apuntando al troll dijo: ¡Glisseo!
El troll cayó al suelo de hielo resbaladizo al intentar correr hacia Ayleen.
Ayleen siguió corriendo y cuando se alejó lo suficiente gritó: ¡Confundus!
El troll se intentaba levantar pero no podía, hasta que lo consiguió aunque empezó a pegarse solo con su mazo y se quedó en esa esquina.
¡Ayleen…! – Gritó Ben alarmado y corriendo hacia Ayleen
Cuando Ben llegó, Ayleen le dio un abrazo y le preguntó: ¿Qué haces aquí?
- Vine porque el profesor Quirrell dijo que había un troll en las mazmorras y pensé que cuando te fuiste viniste a las mazmorras ¿Te encontraste al troll?
- Si, me lo encontré y aún está ahí, pegándose solo porque le lancé Confundus.
- ¿Estás bien? Tenemos que irnos es peligroso si todavía está ahí. – Dijo Ben preocupado.
- Ya no es peligroso está confundido, pero será mejor que nos vayamos. – Contestó Ayleen mirando al troll aún asustada.
Ayleen y Ben salieron enseguida de las mazmorras y se fueron hacia las escaleras para conversar un poco y luego volver al gran comedor.
Cuando llegaron se sentaron en el borde de la escalera que está cerca del gran comedor.
- Por cierto, ¿A qué fuiste? – Preguntó Ben dudoso
- Fui a recoger el colgante en forma de colmillo, se me olvidó en mi cuarto. – Contestó Ayleen convencida.
- Bueno vamos a la fiesta, nos la vamos a perder.
Ayleen y Ben se fueron juntos hacia el gran comedor y se sentaron en sus sitios, hasta que empezaron a comer chucherías de la mesa, piruletas, gomitas decolores…
Cuando pasó la noche Ayleen se encontró a dos Slytherins en la sala común y le dijeron:
- Oye Ayleen, ¿Sabes que vino un troll? ¿Y que apareció en el cuarto de baño de las chicas?
- No lo sabía ¿Apareció en el cuarto de baño de las chicas?
- Sí, y ese ``Harry Potter´´ salvó a su amiga que estaba en el cuarto de baño llorando. 
- Sí, aunque les restaron unos puntos ¡Y luego le sumaron más puntos por derrotarlo!
Ayleen se fue a ver a Ben al patio y le contó todo lo que le dijeron esas chicas.
- Sí, ya lo sabía, todos hablan de ese tema. Aunque me parece increíble que lograran vencerlo. – Contestó Ben sorprendido.
- A mí también me lo pareció, es muy difícil vencer a un troll, podría haberlos matado. – Dijo Ayleen e******* y un poco asustada.
- Vámonos, toca transformaciones, tu asignatura favorita. – Dijo Ben riendo y a la vez levantándose.
Ayleen y Ben se levantaron y se fueron conversando por los pasillos, hasta llegar a la clase de Transformaciones.
El troll se despertó y los profesores lo mandaron al bosque, ¿Cada vez que vengan trolls tendré que luchar yo contra ellos? – Murmulló Ayleen por los pasillos y se rió.
Cada vez que vinieran trolls…Ellos los detendrán…

FIN
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PlataRain21

Mensaje por DraconisChispas54 el Lun 23 Jun 2014 - 1:21

Ruidos Nocturnos 
Cerró los ojos con excesiva fuerza. No es que tuviera miedo. No, eso jamás. Su intención era hacerse el dormido hasta que lo que fuera que estuviese haciendo ese ruido raro abandonara sus oscuras intenciones y se fuera de su habitación.

Las noches en su habitación en Malfoy Manor solían ser, para un Draco de once años, lo mejor del mundo. Significaba volver a su rincón especial del mundo, el lugar donde se sentía protegido y cómodo. Era su cuarto. No como “eso” que compartía con otros colegas desde hacía medio año en Hogwarts. 

Pero esta noche no se sentía seguro precisamente. Los ruidos eran, desde otro otro de vista, normales. No obstante, con la carga emocional que supone, para un niño, saber que no se trataba de una noche normal, sino de la noche de las brujas malas, según los muggles, era de esperarse que tuviera miedo. Miedo no. Más prudencia de la habitual.

Draco sabía que era una tontería la sola idea del Hallowen, pero él siempre fue un niño desconfiado. Investigó. Y lo que encontró no le gustó. Por ese motivo le molestaba tanto el ruido.

Se acurrucó más debajo de la manta que le tapaba y apretó más fuerte contra su pecho a su conejo Momo. Lo mejor sería quedarse quieto y esperar. Era consiente de que no podría defenderse con magia si no quería sufrir represalias por hacer magia fuera del colegio. 

Al cabo de un rato, el ruido no se iba. Le empezaba a desesperar. Decidió que, de una manera u otra, tenía que hacer algo. Por eso asió a Momo por las orejas y se preparó. Respiró hondo y contó hasta tres.

Uno, dos, tres...

—¡¡Te pillé!!— Gritó levantándose de un salto, blandiendo a “Momo, el conejo” y listo para asestarle un golpe al invasor.

Cuando de dio cuenta de que estaba en medio de la cama de pie, vestido solamente con su calzoncillo verde favorito (el de los conejos saltarines), usando a su Momo como arma letal y que el ruido provenía de la ventana medio abierta... reunió toda la dignidad que le quedaba y volvió a acostarse, prometiéndose, entre improperios, nunca más hacer caso a nada que fuera de origen muggle.
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QuillHeart149

Mensaje por DraconisChispas54 el Lun 23 Jun 2014 - 1:23

Ayer numerosas personas celebraron Halloween en diferentes lugares del mundo, pero sólo en Hogwarts podrían suceder cosas realmente indescriptibles. 

Yo soy Nathalie, una simple Hufflepuff de quinto año. Me gustaría poder decir que todo en Hogwarts había sido tranquilo antes de la llegada de Harry Potter, como opinan muchos, pero he de decir que mi estancia aquí ha sido pura aventura. Mis amigos se distribuyen en varias casas, pero sobre todos está Bernard, otro Hufflepuff como yo. Lo conocí en primero por pura casualidad… jamás podría olvidarme del día en el que en mi primera clase de pociones me emparejaron con un insoportable niñato maleducado y vago. Más tarde comprendí que a lo largo de su vida no habían sucedido acontecimientos demasiado buenos e intenté ayudarlo, cosa que no sé si conseguí hasta el día de hoy, pero al menos nos hicimos muy amigos y dejó de ser una persona tan agria.

Creí que no podría ocurrir nada que superase lo del año pasado: un “agradable” troll paseándose por el castillo; pero este año no ha ido para mejor precisamente. Cuando volvíamos a nuestra sala común tras la cena, alcanzamos a ver cómo un numeroso grupo de estudiantes se apiñaba en medio de un pasillo y decidimos acercarnos para averiguar qué sucedía.

- ¡Enemigos del heredero, temed! ¡Los próximos seréis los sangre sucia!

Esa voz engreída de Draco Malfoy se oyó por encima de todos. Yo no sabía de qué diantres estaba hablando y no alcanzaba a ver nada.

- Vamos más adelante, no veo qué pasa. – Bernard me sujetó del brazo en cuanto dije aquello con tono exasperado y se aseguró de retenerme.

No pude insistir más, pues en ese justo momento llegaron los profesores y el pasillo se inundó de los berridos desgarradores de Argus Filch, que decía algo sobre la muerte de su gata.

- Nathalie. - Me giré al escuchar la voz de Bernard, que me susurró por lo bajo. - Vámonos de aquí.

Y aquello fue una orden. Sin oportunidad de contestar nada, me arrastró con él afuera de la multitud y se dirigió hacia la sala común mientras yo miraba atrás, aún oyendo las voces alteradas a lo lejos. En cuanto entramos a la sala, Bernard se dejó caer sentado en un sillón junto al fuego, pero yo seguí en pie y pensativa.

- ¿Qué crees que pasa ahí? - La duda me podía.

- No es asunto nuestro. Deja de ser tan curiosa. – Bernard me echó una de sus severas miradas y me hizo comprender que no era un buen momento para sacarlo de quicio con mis preguntas.

- Ah, ya sé… Lo de esta noche te tiene de mal humor, ¿verdad? – Sonreí al caer en aquello, haciendo que Bernard sólo volviera la vista al fuego con un gruñido. - Sabes que estoy contigo. Lo malo no es tan malo en compañía, ¿no?

- Déjalo ya. - Bernard odiaba hablar de ese tema desde que le conocí, así que preferí callarme y no echar más leña al fuego… pocas veces habíamos peleado, pero esas veces habían sido como bombas nucleares.

Fue entonces cuando comenzaron a llegar alumnos a la sala común, cada uno con peor cara que el otro.

- Cedric, ¿sabes qué ha pasado? – En cuanto vi a Cedric Diggory, compañero de mi mismo curso, no dudé en preguntar.

Él sólo negó con la cabeza por un momento en el que permaneció callado.

- Nadie sabe exactamente qué está sucediendo, pero no parece nada bueno. Hasta el profesor Dumbledore parece preocupado. – Cedric nos miró sin saber qué más decir y se alejó hacia los dormitorios.

- ¿Crees que haya sido Harry Potter realmente? – Escuché con curiosidad los comentarios de mis compañeros de casa, lo que hizo que me confundiera aún más.

- ¿Harry Potter? – Pregunté al volverme hacia Bernard, que ni siquiera me miró.

- Filch le culpaba de haber matado a la Sra. Norris. – Lena se nos unió, sentándose con Alina al contestar una de mis dudas. Ambas eran alumnas de tercer año y amigas mías.

- Han escrito con sangre en el muro… - Susurró Alina pensativa.

- “La Cámara de los Secretos ha sido abierta” - Recitó Lena antes de suspirar. - Alguna vez he oído algo sobre eso en mi familia…

- ¿De verdad os creéis eso? Debe de ser una broma de Halloween. – Me fijé en el chico que dijo aquello y me dejé caer sentada junto a Bernard mientras observaba callada. – Hay cosas peores que quedar petrificado… 

- ¿Ah, sí? – Lena sonrió y contestó con un tono sarcástico pero con clase.

- ¿Alguno de vosotros ha estado alguna vez en el bosque prohibido…? - Se subió a la mesa que estaba frente a mí, haciendo que yo lo mirara con desconcierto, pero luego empecé a comprender todo. El chico estaba atrayendo la atención de todos los demás y sus intenciones parecieron claras de pronto: pretendía celebrar un Halloween en condiciones. - Allí sí hay cosas horribles. ¿No escucháis aullidos en las noches? Los hombres lobo acechan allí, hambrientos de carne humana…

De repente me dio un vuelco el estómago, no me sentía cómoda oyendo aquello, no esperaba que tocara ese tipo de tema… y estaba segura de que no era la única. Miré de reojo a Bernard, que estaba con los ojos clavados en las llamas de la chimenea y sin inmutarse. Recé interiormente para que mi compañero cesara de hablar, pero continuó…

- Hay cosas más horribles que un hombre lobo. – Comentó una chica rubia que creí recordar como Hannah.

- ¿Cosas más horribles? ¿Qué puede ser más horrible que un mago bueno y bondadoso pueda transformarse en una bestia que podría despedazar hasta a su ser más querido?

Bernard llamó la atención de todos cuando se levantó de golpe y se abrió paso entre los demás para salir de la sala común. Inmediatamente me despedí de las chicas y fui tras él… yo tampoco quería oír más ese tipo de comentarios.

Ambos caminamos en silencio hasta llegar a las mazmorras, ninguno de los dos había comentado nada. Sentí que en aquel momento pude comprender perfectamente su incomodidad respecto al tema y preferí no decir nada hasta llegar al despacho de Snape.

- ¿No está? - Permanecí inmóvil en mi lugar mientras Bernard llamaba a la puerta con los nudillos.

Se hizo el silencio por unos minutos tras los cuales Bernard optó por abrir la puerta. Observamos el despacho vacío, sin comprender, y decidimos entrar a esperar.

- Deberías irte. - Bernard me habló en un tono severo y sin mirarme. Yo ya sabía que algo así iba a ocurrir después de oír las historietas de la sala común. 

- No seas tonto, no pasará nada. - Sonreí en un intento de aliviarlo y me apoyé al escritorio. 

De pronto se oyó el sonido del vidrio hacerse añicos y di un salto por no esperarlo. Bernard y yo miramos alertados el frasquito que yacía en el suelo hecho añicos y con toda la poción matalobos derramada. 

- ¡Nathalie, ¿qué…?! ¡Torpe!

- ¡Lo siento! - Reaccioné en cuanto Bernard me miró molesto y agité las manos con nerviosismo. - Debe tener más poción, seguro que sí. Iré a buscar a Snape para decírselo…

- ¡No hay tiempo! – Gruñó Bernard al señalar el reloj. - ¡Van a dar las doce! ¡¿Por qué eres tan patosa?!

- Pero…

- Nathalie, vete rápido y cierra la puerta. – Insistió él al hablar entre dientes.

- No puedo dejarte solo por aquí… así. - El sentimiento de culpa me estaba comiendo por dentro, yo también odiaba ser tan torpe a veces. Me quedé como petrificada al volverme y ver cómo Bernard se encogía, sujetándose a la mesa, y apretaba los dientes mientras contenía un quejido. 

No sabía qué hacer en un momento así, me daba vueltas todo. Era como si yo misma pudiera sentir el dolor que parecía sentir él al ensancharse su espalda, alargarse su rostro en un hocico, crecerle garras y unos enormes colmillos afilados. Su cuerpo se cubrió de pelaje oscuro y se quejó con un rugido mientras se desgarraba la ropa, que ahora le oprimía el cuerpo a pesar de estar ya semirasgada. Me miró en silencio, con respiración agitada, por un instante en el que esperé una muestra de humanidad por su parte, pero fueron falsas esperanzas… 

Di un respingo al oír su rugido mientras enseñaba los dientes y tras tropezar con la mesa, corrí hacia la salida con él detrás. Cerré al estar fuera y sentí el golpe de su cuerpo al otro lado. Miré a ambos lados de la mazmorra y volví a correr, cuando comenzó a golpear la puerta, en dirección al exterior con esperanza de encontrar a Snape. Antes de poder subir la primera tanda de escalones, Bernard en su forma lobuna logró salir del despacho y se lanzó en mi misma dirección. Sujeté mi varita sin saber qué hacer y sin mirar atrás, pero por más hechizos que pensaba, no me sentía preparada para lanzar ninguno… al fin y al cabo aquel hombre lobo era Bernard. Escuché como se golpeaba con la estrecha escalera de caracol al intentar alcanzarme y empecé a saltar de dos en dos los escalones cuando se me comenzaron a atrofiar los músculos de las piernas, segura de que ya me habría alcanzado si no fuera porque su tamaño le impedía libre movilidad.

En cuanto llegué al final de las escaleras, me dirigí rápidamente hacia otro tramo de escaleras que conducían al castillo y suspiré con cansancio. Comencé a subirlas antes de pensármelo dos veces y cuando llegué arriba del todo no pude evitar lanzar un grito de sorpresa cuando Bernard saltó sobre mí, cayéndome al suelo mientras me sujetaba con sus garras y acercaba sus fauces de forma amenazante. 

Casi al instante de haber caído con Bernard, este salió volando hacia atrás y quedó inmóvil en el suelo. Tragué saliva sin poder apartar la vista de él y respiré de forma agitada mientras notaba los latidos de mi corazón en la garganta.

- Váyase a su dormitorio.

Un escalofrío me recorrió la espalda al oír aquella fría y susurrante voz, y volví la mirada para ver a Snape enarbolando su varita hacia el cuerpo del suelo. 

- Profesor, la poción se derramó y…

- Retírese a su dormitorio si no quiere que le reste puntos a su casa por estar fuera de la cama a deshora… 

No dije nada más y me levanté de donde estaba con las piernas temblorosas. Observé cómo Snape hacia levitar el cuerpo de Bernard y lo llevaba con él de nuevo hacia las mazmorras. En ese momento no sabía que me había dado más miedo: mi vida o haberle atacado como defensa.

Me sentí tremendamente culpable de todo lo que había ocurrido y regresé cabizbaja a la sala común sin parar de darle vueltas. Había ocurrido todo tan rápido y a la vez se me había hecho eterno…



Hoy en la mañana, como era de esperar, Bernard se alojó en las cocinas enfadado consigo mismo y apenas hablamos. No le dije que no había podido dormir, si se lo dijera sus ánimos irían a peor.

Regresando de la Biblioteca tras devolver unos libros que Bernard y yo tomamos prestados, me picó la curiosidad de no pasar a observar lo que escribieron la noche anterior en el muro, aunque se había difundido que Filch se había dispuesto a vigilar “la escena del crimen” y debía ir con cuidado.

Antes de llegar al pasillo juraría haber visto una sombra enorme, y tomando la decisión de asomarme, me percaté de la soledad que había por allí. Es extraño ver un pasillo de Hogwarts tan vacío a esas horas de la mañana. La única compañía que podría tener alguien al ir ahí era la de una silla y la macabra escritura del muro. Me recargué en el filo de la ventana para observar el escrito con curiosidad y miré hacia atrás al sentir un cosquilleo en mi mano. Una enorme fila de arañas despavoridas salía por una abertura de la ventana. 

Tras escasos segundos de fijarme en las arañas, creí volver a ver por el rabillo del ojo la sombra de antes reflejada sobre el cristal… y alcé la vista hacia la ventana para ver un par de grandes ojos amarillos.
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Votaciones y ganadores

Mensaje por DraconisChispas54 el Lun 23 Jun 2014 - 1:24

Resultado de las votaciones:

  • PlataGlow58: 2
  • Roblemurciélago172: 7
  • EscarlataAcónito7: 10
  • UnicornScale122: 5
  • PlataRain21: 
  • QuillHeart149: 12

Ganadoras:

1er Premio: QuillHeart149
Tendrá el rango de ganador con una insignia o icono temporalmente.
Una firma que le señalará también como ganador.
Tendrá la opción de dar la puntuación de 4, además de las otras, en el próximo concurso.
Los votantes en el concurso comentarán su próximo fic.

2º Premio: EscarlataAcónito7
Los votantes en el concurso comentarán su próximo fic.
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2º Concurso de FanFics: Halloween

Mensaje por DraconisChispas54 el Miér 25 Jun 2014 - 16:12

2º Concurso de FanFics: Halloween 2012

- El tema central es la celebración de HALLOWEEN
- Deben aparecer personajes, escenarios o algo relación con la historia de Harry Potter
- Solo se puede presentar un relato por persona
- Debe cuidarse la ortografía, será un factor muy importante a la hora de decidir un ganador
- El escrito debe realizarse con fuente Arial, tamaño 12, interlineado simple y no superar unas 5 carillas de extensión
- Debe ser apto para todo público quedando así prohibido el contenido racista, sexual, gore o de cualquier tipo que pudiera herir la sensibilidad 
- Los que quieran presentar sus relatos, deberán enviármelos por MP (mensaje Privado) antes de que finalice el plazo de presentación
- Todos aquellos que participen se verán obligados a votar luego, quedando descalificado aquel que no lo haga (En caso de no poder por razones de fuerza mayor avisarme previamente vía MP y se hace una excepción)
- Plazo de presentación: Hasta el 28 de Octubre a la media noche, horario de Buenos Aires
- Plazo de votación: Desde que finaliza el plazo de presentación hasta la medianoche del 30 de Octubre, horario de Buenos Aires
- El o los premios serán una sopresa hasta que abran las votaciones. Las mismas serán abiertas para que todos los Slytherins puedan votar.

Participantes:

Votaciones y ganadores
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DraconisChispas54
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LoboPlata7672

Mensaje por DraconisChispas54 el Miér 25 Jun 2014 - 16:20

Abismo de soledad

Había sido creado por obligación, un objeto para lograr una nota, pero después no fue destruido como lo demás. No, había sido amado y cuidado. Siempre atento a las necesidades de su creadora, siempre pronto a cumplir sus caprichos. Ella lo amaba, y él también.

Pero un día ella creó algo nuevo, algo que le robo su lugar. Pronto fue olvidado y desechado en un oscuro pasillo. Ella no le otorgó lágrimas, así que no pudo llorar, ni tampoco libre movimiento, así que tampoco la pudo seguir; y mucho menos voz, por eso no la pudo detener.

No estaba seguro cuanto tiempo llevaba encerrado en ese armario, solo sabía que demasiado. Su creadora ya no existía, el colegio había cambiado. Nuevas voces se escuchaban, nuevas risas y pasos apresurados. Los hechizos también habían cambiado ligeramente, y la magia que le había regalado la vida, ahora estaba prohibida.

Él era solo una marioneta, un muñeco averiado y descompuesto a quien su dueña había cambiado por un nuevo y mejorado juguete. Ni siquiera su muerte pudo liberarlo de su condena, ya que no era la magia de ella la que lo alimentaba. Los objetos creados con magia y expuestos constantemente a nueva magia, terminaban adquiriendo la suya propia. Ahora podía moverse... ahora ya no iba a volver a estar solo.

Esa noche era Halloween, lo sabía porque había oído a los elfos y estudiantes hablando de ello durante todo la semana. También sabía que una fiesta se estaba llevando a cabo en el Gran Salón. Quizás ahí encontrara un nuevo dueño.

Su apariencia no era la mejor, pero creía que cuando descubrieran de lo que era capaz por su propia voluntad, se lo quisieran llevar con ellos y le harían un lugar en sus corazones.

Se detuvo en un pasillo que llevaba a la fiesta, muchos estudiantes pasaron y a todos les levanto los brazos, la mayoría ni repararon en él, algunos hasta llegaron a patearlo sin querer. Los pocos que lo vieron sonrieron y festejaron creyendo que era parte de la decoración y siguieron de largo, nadie se lo quiso llevar.

Se acurrucó en un rincón olvidado hasta por los elfos, se sentía desdichado y muy solo. ¿Ya nadie lo quería? ¿Qué había hecho mal? Si se quedaba en ese lugar quizás se terminaría de romper y así se acabaría su sufrimiento.

Unos pasos se acercaron lentamente, como si dudaran o estuvieran buscando algo. Una niña de primer año de sonrisa dulce y ojos inocentes, usando los mismos colores que usaba su creadora, lo estaba buscando. Se escondió mas y esperó.

La niña lo terminó encontrando y al tomarlo sonrió. -Por fin te encontré- y aun sonriendo escondió en su túnica a una marioneta bastante vieja y algo dañada, pero que lucía una gran sonrisa de felicidad.

Las autoridades buscaron a la joven desaparecida durante semanas, sus padres llorosos acudieron al colegio en numerosas ocasiones. Sus compañeros también lamentaban la perdida, pero él no.....

Él estaba muy feliz, nunca más estaría solo, ahora los dos se convertirían en polvo JUNTOS.

FIN
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PlataGlow58

Mensaje por DraconisChispas54 el Miér 25 Jun 2014 - 16:22

Jamás perdonar

-Ja Ja ¡Lunática!-
-¿Qué tiene puesto? Ja Ja Ja-
-Ja Ja Ja Ja Ja Ja-
Las risas y comentarios siguieron mientras Luna Lovegood caminaba por los pasillos atestados del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Era increíble como una persona podía hacer oídos sordos a miles de burlas cada día, Luna vivía en su mundo.
Pero los alumnos de Hogwarts no se darían por vencidos. Luna era su objetivo.
.
.
.
Una nota llegó esa noche a la Sala Común de Ravenclaw.

Señorita Lovegood
Está cordialmente invitada a las cena para estudiantes brillantes de mi clase.
Lugar: El bosque prohibido.
Firenze.

Luna no dudó en ir, tomó El Quisquilloso, sus lentes para detectar nargles, y emprendió el camino hacia el bosque. Iba descalza, siempre perdía sus zapatos, y ellos volvían de la misma manera misteriosa en la que se habían ido.
Llegó a la orilla del bosque y esperó por un momento. De la oscuridad un hechizo tiró el cuerpo de Luna hacia atrás, la lengua se le pegó al paladar impidiéndole gritar. El Quisquilloso quedó tirado sobre una raíz en el piso.
La cara de Luna se había transformado estaba roja y de los ojos derramaban lágrimas.
Cuando ya se sintió liberada estaba en el medio de un claro totalmente oscuro, la niebla no la dejaba ver más allá de unos pocos metros.
Comenzó a gritar como loca cuando unas chispas rojas salieron de la nada y explotaron justo encima de su cabeza.
-¿Asustada Lunática?-
Varios alumnos salieron de entre los árboles tomándose de sus estómagos riéndose y señalándola.
-Alguien está asustada- cantaron a su alrededor.
Uno de los chico sacó su varita, tomó la mano de Luna y raspó en su piel “Broma de Hallowen”
-No nos olvidarás Lunática- otro chico lo tomó por un brazo y lo alejó –Ya vámonos ¿Encontrarás la salida?- y rieron.
Las risas siguieron en la cabeza de Luna, que aún en el piso, lloraba y gritaba. Desgarrada por dentro.
.
-Cuenta la leyenda que luego de eso Luna estuvo tirada por días llorando en ese prado. Nadie la volvió a ver, excepto una nota sobre su cama en la torre de la Sala Común de Ravenclaw, en ella decía; “Me volverán a ver pero esa vez será el final. Jamás perdonar”. Se sabe que se tiró al lago desde la torre- la voz hizo una pausa –Ahora cada Hallowen Luna sale a buscar a los abusadores los lleva al bosque y les hace pasar las peores penurias que un ser humano puede soportar, y le inscribe en la piel “Jamás perdonar”- la voz calló, así como lo hizo también Luna aquel día.
El anciano, que contaba la historia dio por terminada la noche y mandó a los niños a sus casas; que aterrorizados se fueron en grupos por las calles del Valle de Godric, se miró la mano “Jamás perdonar” Se levantó y entró a la casa.
-¿Por qué no me mataste?- perguntó al aire como siempre hacía en la noche de Hallowen.
-Porque yo jamás perdono-
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RunaDragón19200

Mensaje por DraconisChispas54 el Miér 25 Jun 2014 - 16:24

12 Campanadas

TAN!

Sono la primera campana y las luces se
apagaron mientras un exalofrio recorrio su espalda.

TAN!

La segunda campanada sono y ella
intento encender su varita con un lumus, pero no logro nada.

TAN!

Tercera, y el Lumus Maxima que logro
convocar titilaba

TAN!

Cuarta, comenzo a caminar con lo poco
que veia, debía huir de alli.

TAN!

Quinta, el Lumus decaia, cada vez las
veces que se apagaba eran mas largas

TAN!

Sexta, el miedo la invadio y comenzó a
correr

TAN!

Septima, choco contra algo y quedo
aturdida por unos instantes

TAN!

Cuando volvio a oir las campanadas no
sabía por cual iban ya, solo esperaba estar cerca de la 12º

TAN TRUM!

Un rayo atravezó el cielo iluminando a
una figura que le apuntaba con su varita

TAN!

Perdió de vista a la figura, y para
colmo de males el Lumus no volvia a encender.

TAN TRUM!

Una luz verde salia de la varita
contraria

TAN!

Corrio desesperada lejos de alli, pero
tropezó en el camino

TAN!

La ultima campanada sono, las luces
volvieron y comenzó a llover. Sobre el suelo yacía la joven de
castaña cabellera, y a su lado se leian las palabras

BIENVENIDA A HALLOWEEN

Fin ~
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DraconisChispas54
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CatSky4055

Mensaje por DraconisChispas54 el Miér 25 Jun 2014 - 16:25

Truco o Trato

Apenas eran las siete de la tarde de un lejano 31 de octubre de 1972 y Remus Lupin salía de la Sala Común de Gryffindor, acompañado de sus tres mejores amigos para poder disfrutar de su primer banquete de Halloween en Hogwarts, puesto que el año anterior, durante su primer año, esta misma fecha había coincidido con una de sus peligrosas transformaciones en hombre lobo y no había tenido oportunidad de disfrutar la celebración.

Mientras bajaban la escalera hacia el Gran Comedor, observaron como los fantasmas del castillo volaban alborotados en un pasillo cercano.

-Os he dicho que no,- oyeron que decía la inconfundible voz de Nick Casi Decapitado-, si no ensayamos no saldrá bien.

Los cuatro se miraron intrigados y fue James el que se aventuró a exponer una explicación:

-Seguramente estarán preparando la función que harán…

Y sin más, siguieron escaleras abajo hasta llegar al hall principal. Al entrar por la puerta del Gran Comedor todo estaba decorado con cientos de calabazas, iluminadas por las velas que tenían en su interior, una bandada de murciélagos vivos revoloteaban por todo el alto techo del salón y multitud de serpentinas de color naranja y negro caían del techo simulando ser delgadas culebras de rio.

James y Sirius le habían contado que el banquete de esa noche no era equiparable a ningún otro que pudiera llegar a imaginar, y Remus tenía que darles la razón, no había disfrutado tanto en su vida como aquella noche, la comida era deliciosa y todos parecían charlar animados y sin preocupaciones.

James hablaba alegremente con el capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor, en el que por fin ese año había conseguido entrar. Sirius por el contrario, se había colocado dos largos regalices en la boca, como si fueran los colmillos de una morsa y los lucía vistosos a toda la mesa, a Peter, que hasta ahora no se había fijado en él, le había bastado una sola mirada para escupir por la boca y por la nariz todo el zumo de calabaza que acababa de beber.

-Tenéis la edad mental de un niño de cuatro años.-dijo una pelirroja mientras secaba el mantel del estropicio que Colagusano había ocasionado al verter el zumo.

Sirius dirigió su mirada hacia ella, todavía con los regalices en la boca.

-Por lo visto no somos los únicos.-añadió Sirius sin preocuparse ni siquiera de fingir modestia, mientras miraba distraído a Lily y señalaba hacia su compañera de al lado, amiga de la pelirroja, que también reía por la gracia del moreno.

Lily giró el cuello rápidamente hacia su amiga, que intentaba esconder la sonrisa sin éxito y le mandó con los ojos abiertos como platos una mirada llena de reproche por seguirle el juego al "estúp*** de Black".

-Hablando de retrasados mentales, Evans.-comenzó a decir Sirius de forma casual, como si llevase esperando ese momento mucho tiempo, todavía mirando a la pelirroja mientras se quitaba los regalices-. Tu novio Quejicus ¿ya ha aprendido a lavarse el pelo?

Lily lo fulminó con la mirada.

-Dime Black ¿Por fin tu y Potter habéis aprendido a ir solos a los sitios o no sois capaces de separaros ni para mear?-preguntó Lily con la misma sonrisa hipócrita que Sirius lucia en su cara, y sin amilanarse ni lo más mínimo ante él.

-Siempre puedes acompañarnos.-contestó Sirius burlón dejando caer la invitación.

-Tres son multitud.-dijo ella cortante y volviendo de nuevo a su plato de patatas.

Remus, que había estado observando la escena cauteloso, observó como la pelirroja se ruborizaba ligeramente ante lo que Sirius sonrió triunfante con superioridad y le hizo un gesto disimulado a Remus para asegurarle su nuevo éxito. Incluso ya a la edad de doce años, el primogénito de los Black tenía una facilidad increíble de palabra, haciendo mudar la expresión de su rostro a cualquiera que quisiera enfrentarse ante él.

-Estoy lleno.-comentó Peter varias horas después cuando entraban por el retrato de la Dama Gorda y miraba con desgana una manzana de caramelo que había traído de la cena.

-¡Eh! Esperar ¿ya nos vamos?-preguntó Sirius desde los cómodos sillones de la Sala Común cuando sus compañeros ya habían subido casi por completo las escaleras hacia los dormitorios.

-¿Qué vamos a hacer si no?-preguntó Lupin mientras se frotaba los ojos por el cansancio acumulado.

-Podríamos hacer algo.-sugirió Sirius. Todos sabían que no era una sugerencia, ni una frase hecha al azar. Ese "podríamos hacer algo" era una exigencia para que hicieran algo, lo que fuera, por el simple hecho de entretenerse.

Y ahí estaban los cuatro, esperando en la Sala Común, con más sueño que ganas de empezar a trazar un plan.

Uno de los sapos de algún alumno se posó de un salto en las orejas del sofá de Peter, y Sirius lo miró con asombroso encanto.

-¡Lo tengo! Vamos…-exclamó haciendo dar un respingo a los otros tres.

El plan era sencillo, y estúp*** incluso para ellos, colarse en el dormitorio de las chicas y llenarles la habitación de sapos.

James y Sirius iban primero, y cuando Remus ya había apoyado un pie en la escalera de los dormitorios sonó una especie de sirena y los escalones se unieron y formaron un largo y liso tobogán de piedra en espiral, dejándolos caer a los tres sobre la multitud de sapos que se iban reproduciendo cada vez que tocaban uno nuevo por el conjuro multiplicador que habían realizado.

Al minuto siguiente varias voces se oían en los dormitorios de las chicas, y todas soñolientas y con los pijamas puestos salían de sus cuartos para ver qué pasaba.

-¿Quién ha sido?-preguntó la prefecta de Gryffindor que había bajado más rápidamente que cualquier otra.

Al ver a los cuatro chicos tirados sobre el suelo y rodeados de un montón de sapos rodó los ojos al tiempo que chasqueaba la lengua, y volvió a subir hacia su cuarto, no sin antes añadir:

-A las nueve en el despacho de la profesora McGonagall.

Y sin más cerró la puerta, dejando a los cuatro amigos riendo a carcajadas.
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CapaMist29667

Mensaje por DraconisChispas54 el Miér 25 Jun 2014 - 16:26

Broma de Halloween

Eran las 20:00hs del día de Brujas, Claire llevaba tiempo buscando a Marcus, el bobo (pero guapo) de su amigo la había invitado al baile de Halloween y ahora simplemente no aparecía por todo el castillo.
Iba caminando por los pasillos distraída hacia su sala común en las mazmorras cuando, al doblar en una esquina, palideció totalmente, se tensó y se le erizaron los pelos de la nuca, al ver como una figura encapuchada le apuntaba con la varita, un mortífago.
En un intento de defenderse sacó la varita de la túnica pero el enmascarado fue más rápido y la desarmó fácilmente, miró por todos lados para pedir ayuda, pero no había nadie, ya todos estaban en la fiesta, su varita estaba a unos metros de ella, esa era su suerte; miró horrorizada como el mortífago se acercaba… hizo lo más lógico que se le pasó por la mente y empezó a correr como loca sin importarle que él encapuchado pudiera atacarle por la espalda…
Corría, no sabía donde, tal vez a pedir ayuda, a esconderse, a rezarle a Merlín, no sabía, pero corría por su vida, y no había oportunidad de parar.
Le faltaba aire, miró hacia atrás y vio con horror que le perseguía, ya no tenía fuerzas, al doblar en otra esquina en un intento de perderlo se escabulló en un aula…
¡Por Merlín un mortífago en Hogwarts!, ¿como entró?, debían estar más, no era imposible, todos estaban en peligro, no quería ni pensar en su familia si el Innombrable volvía, pues no compartían sus ideologías, tenía que hacer algo, tal vez le hizo algo a Marcus, no, no, no, a él no por favor.
No paraba de caminar de un lado a otro…fue cuando un viejo armario que estaba ahí empezó a moverse como si algo quisiera salir de él…
Le dolía la cabeza, estaba asustada, cansada, y cuando se dio cuenta ya estaba abriendo el armario, que dejó de moverse como poseído, instintivamente retrocedió.
Si con el mortífago estaba asustada, ahora al ver la figura que salía del armario estaba horrorizada, un grito seco retumbo en los pasillos…


*******************************************************************************************

El hombre perdió de vista a la chica en uno de los pasillos, estaba pasando de largo enfrente de la puerta cuando un grito lo hizo volver sobre sus pasos, al ver que provenía del aula, sin dudar abrió cautelosamente, pues no sabía el por que del grito.
La vista que le dio lo dejó estupefacto.

Ahí en medio del aula estaba la chica con los ojos llorosos, una mano en la boca y arrodillada al lado de otra persona.
Era un chico castaño, más o menos de la edad de la chica, estaba inmóvil, y pareciera que fue atacado por 3 sectusempras, estaba muerto.
Paseó su vista por el lugar aún impresionado y sin entender nada, y vio el armario abierto, ahí lo comprendió. Sin dudar separó a la chica del muchacho, y se colocó frente a él, al instante éste cambio de forma por la de un feroz hombre lobo que amenazaba con atacar…
-¡Riddikulus! – exclamó
El licántropo se convirtió en un pequeño cachorro y con un hechizo el enmascarado lo volvió a meter al armario.

*******************************************************************************************

Claire observaba todo sin una pizca de idea de el por que la ayudó, estaba temblando, se recuperó de lo anterior, pero ahora estaba a merced de un mortífago.
-Mátame de una vez- le dijo sin pensar
-Claire…- eso la hizo reaccionar, ¡oh no, esa voz no!- no te haré nada- dicho esto el hombre se sacó la máscara. 
-¡Tú! – exclamó levantándose, del susto pasó al enojo, y del enojo a la ira - Eres un completo pedazo de…- con cada palabra le pegaba en el pecho
-¡Tranquila no pasa nada! – la tomó de los hombros para intentar calmarla pero ella se zafó.
- ¿¿¡¡Que no pasa nada!!??, eres un cabeza hueca Marcus Acker!- lo apuntó con un dedo acusadoramente- ¡casi me muero de un infarto y tú ahí tan tranquilo!.
-Solo fue una broma de Halloween- dijo con una sonrisa.
-¿Pues sabes que? VETE CON TU TONTA BROMA AL BAILE- vociferó, ya estaba con la cara roja del enojo- pero una cosa sí, ésta me las pagas Marcus, ¡oh, claro que me las pagas!- dijo saliendo del aula dando un portazo.
El chico se quedó parado con una sonrisa.
-Ya se le pasará- se encogió de hombros- además yo tengo su varita- dijo con una mueca triunfadora y salió del aula para negociar su perdón….
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BladeFénix3435

Mensaje por DraconisChispas54 el Miér 25 Jun 2014 - 16:27

Shattered Echoes

Dicen que a la medianoche, el momento en que se juntan ambos días, se pueden oír las voces de todos aquellos, humanos o no, que pueblan las pesadillas de los vivos. Hay un instante, un solo instante, en que nada de lo que veas es real. Y un instante puede ser muy largo… sobretodo si la luna llena es su guía. 

Despertó en el bosque. Las hojas susurraban al viento lúgubres canciones, el canto de aquellos sin voz propia. Los sonidos de lo salvaje se dejaban escuchar por los pocos con suficiente oído para entenderlos. El ulular de una lechuza, los pequeños pasos de los roedores que no deseaban sino vivir un día más. Y, sobre todos ellos, un aullido, chirriante como una sinfonía de uñas sobre el cristal. Un sonido que le hizo estremecerse. 
Había logrado dormirse arropada con su túnica. No sabía cuanto tiempo había logrado dormir, se sentía como si no hubiese pasado más de un segundo. Lo primero que pensó fue que estaba en el Bosque Prohibido. Luego recordó que ese año no volvería a Hogwarts, y que se hallaba a muchos kilómetros de allí. Con un suspiro empezó a rememorar lo que había ocurrido en los últimos días, rezando porque el aullido no se dejara oír de nuevo. Su único consuelo era la varita bajo su camisa, tras eso llevaba la ropa y nada más. 
Su nombre era Karen Drayeck, y había sido una estudiante de Slytherin durante seis años. Su familia siempre se había contado entre el círculo de mortífagos mas cercanos a Lord Voldemort, y al cumplir dieciséis años había pasado a su servicio. La marca en su antebrazo era prueba suficiente de ese hecho. Nunca había desobedecido una orden suya, pero para su desgracia, falló en la mayor misión. Y no fue sin querer. 
¿Cómo iba ella a saber que esa casa de sangres sucia sería en la que vivía Geena? A nadie se le hubiese pasado por la cabeza que la joven bruja que salió a defender a los muggles de sus padres sería la mejor amiga de Karen. Cinco años en Hogwarts las habían convertido en casi inseparables, hasta que la magia negra las había ido separando. No luchó todo lo bien que sabía, y no hizo falta. Voluntariamente se quitó la máscara. Geena se echó a temblar. 
-No… ¡Tú no! 
Karen luchó para mantener sus sentimientos bajo control. Geena temblaba, desde el mismo momento en que se habían mirado a los ojos había perdido el combate, aunque no lo supiera. 
-Avada… -Con un nudo en la garganta trató de conjurar el hechizo mortal. Geena abrió los ojos como platos. 
-¡¡¡Avada Kedavra!!! 
De una varita a su derecha salió un rayo de luz verde. Geena nunca pronunció sus últimas palabras. Cayó de espaldas, en un gesto de eterno miedo. Karen jadeó y le temblaron las piernas. A su lado, su compañero se volvió. 
-Asunto concluido. Volvamos. 
-No. 
-¿Eh? –El viejo Grakes se dio la vuelta. Deseó no haberlo hecho nunca. Los ojos de Karen estaban llenos de lágrimas, pero su mano no temblaba al apuntarle al corazón. 
-Avada Kedabra. –Musitó, contemplando con siniestro placer como la mirada del mortífago se extinguía. –Geena no se merecía esto. No merecía morir así. 

Desde entonces, Karen era una fugitiva. Los mortífagos, al ver que no volvían, se habían aparecido en la casa. Esa misma tarde tanto el Ministerio como los Mortífagos se lanzaron en su persecución. Ni en Hogwarts estaría ella segura… 


Habían pasado dos días, y en todo el país se habían difundido carteles de se busca. Se la acusaba de asesinato, artes oscuras y, entre los seguidores del Señor Oscuro, de traición. Hasta en el más apartado de los antros se susurraba su nombre, por eso debía seguir moviéndose, salir del país. Pero lo primero era lo primero. Sabía que sus padres la rechazarían, pero quería dejarles una nota… o no. Durante un instante se preguntó si realmente era necesario. Apretó el puño y una pequeña lágrima mojó la hierba. No sabía qué hacer, no tenía ni idea. Estaba sola, tenía miedo, y tenía que cargar con las consecuencias de una acción que no había planeado. 
No pudo más. Con un grito le dio un puñetazo a un tronco que había a su lado. A la porra el silencio. No lo aguantaba más.

Tras ella, un nuevo aullido rasgó el silencio. Ese había sonado cerca… muy cerca. ¡Demasiado cerca! 
-¡Incarcero! –Gritó, justo a tiempo. Falló por un pelo pero logró distraer a la criatura. Era peluda, gris y enorme. Medía el doble que un lobo normal y su hocico era claramente más largo. Era un licántropo. Miró al cielo. Luna Llena. Echó a correr. 

No contaba los segundos, solo sentía el alocado latir de su corazón y su respiración escandalosa. Tras ella, una criatura enorme destrozaba la maleza a su paso y de vez en cuando gruñía. Karen lanzaba hechizos a discreción, soltando todo lo que se le ocurría. Ni siquiera el maleficio de tortura parecía hacerle mella. Estaba desesperada. 
-¡Mocomurciélagos! –Jadeó, ante ella podía ver una luz, estaba lejos… ¿era una cabaña? Ojala. Mejor presa que muerta. 
Tras ella, el hombre-lobo se debatía, visiblemente irritado. No fastidies que esto funciona. 

Y luego, nada. 

-¡Eh! ¡Despierta! –Karen se incorporó de un salto sobre la cama. Lo veía todo borroso y casi al instante se mareó, cayéndose de nuevo. 
-Eh… ¿Qué…? –Poco a poco empezó a despejársele la visión. Ante ella había unos preciosos ojos azules, muy parecidos a los de… -¿Geena? 
No, no es posible. Se dijo. Geena está muerta. Por mi culpa. Apretó el puño. 
-No, no soy Geena. Mi nombre es Marian. –Le susurró. –Y tú por poco no lo cuentas. 
Además de esos ojos azules, Marian tenía una cabellera rubia, gafas blancas y unos catorce años. Le sonaba mucho su cara. De pronto, los eventos de la noche anterior le vinieron a la memoria, un incontrolable torrente de recuerdos. 
-¿Cómo…? – ¿Cómo la habían salvado? ¿Qué había ocurrido exactamente? Y, más importante… ¿Quiénes eran? El corazón se le aceleró. Miró a los lados y sus ojos se detuvieron en la mesita al lado de su cama. Allí estaban su varita, y en su tobillo una pulsera que Geena le había regalado años atrás y siempre llevaba escondida. Eso la tranquilizó, si estuviese en peligro ya la habrían desarmado. 
Marian sonrió bajo las gafas. 
-Tranquila, estás a salvo. Te perseguía un licántropo, tuviste mucho valor. 
-¿Qué si no? –Le respondió Karen, con un suspiro. La sonrisa de Marian se hizo más grande. 
-Muy cierto. Pudimos rescatarte por los pelos. 
-Gracias… espera.-Frunció el ceño -¿Pudisteis? 
La madera de las escaleras crujió por el peso de un nuevo visitante. Se trataba de un chico de unos dieciséis años, pelo oscuro muy corto y ojos también azules. 
-Sí, pudimos. –Le dijo él. –Aunque creo que nos debes una explicación. La gente no se mete en el bosque porqué si, Karen Drayeck. 
Karen frunció el ceño y alargó la mano hacia la varita, pero el chico la apuntó con la suya. 
-Cálmate. No quiero hacerte daño, ni planeamos entregarte. –Karen asintió, pero no bajó la guardia. ¿Cómo sabía su nombre? Entonces, al mirar de nuevo a Marian, además de ver el miedo reflejado en sus ojos, la reconoció. Era Marian Lissar, una Ravenclaw como su hermano Víctor. Este iba a su curso y lo había visto alguna vez en clase. 
-¿Entonces qué queréis? –Les preguntó. Víctor bajó ligeramente la varita. 
-Primero, siéntate. –Karen obedeció, clavando sus ojos negros en la mirada del joven. –Segundo, tienes suerte de que mi padre no esté aquí, él trabaja en el ministerio, es auror, por lo que tendremos que sacarte pronto de aquí. ¿Qué pretendes hacer? 
Karen asintió, un poco sorprendida por su franqueza. Sabía que Víctor no le estaba mintiendo. Tenía fama de nunca hacerlo. – ¿Porqué me ayudáis? –Le preguntó. Víctor suspiró. 
-Porque te he visto estar con Geena todos estos años. Porqué se que no eres como ellos. 
Karen apartó su mirada. –Geena está muerta. –Por el rabillo del ojo, la joven pudo ver como Víctor retrocedía. Bajó la mirada. 
-Yo no la maté. –Apretó los puños. El Ravenclaw asintió. 
-Te creo. Tú no lo habrías hecho. Pero sigues sin contestarme a mi pregunta. ¿Qué vas a hacer?
Karen suspiró. 
-Debo salir del país. –Miró alternativamente a los dos hermanos. -¿Qué me recomendáis? 
-Podemos acompañarte hasta los lindes de este bosque, luego ya no podremos hacer más. Pero será un día de viaje, y no creo que te busquen. –Propuso Víctor. 
De pronto se oyó un extraño ruido metálico, y Karen se fijó por primera vez en el reloj que colgaba en la pared. No tenía números, pero sí manecillas que indicaban la situación de cada miembro de la familia. La del padre decía “Camino a casa”. Antes de que la joven pudiese decir algo, Víctor de levantó. 
-Vamos ya. ¡Marian! –La hermanita bajó del piso superior con una mochila que, por su forma, Karen adivinó que estaba encantada. Claramente no era una mochila Muggle. 
-No hay tiempo que perder. –Continuó el Ravenclaw, saliendo. Karen no tuvo más remedio que seguirlos. 

Llevaban quince minutos caminando cuando se oyó de nuevo un espeluznante aullido que les puso los pelos de punta. 
-Oye, Víctor… ¿No habíais acabado con el licántropo? 
El Ravenclaw sacudió la cabeza. –Lo hemos ahuyentado. No vendrá por aquí. 
Karen le miró de reojo. Su voz no sonaba muy convencida. La Slytherin se estremeció. Eso no le gustaba nada. Maldito el día en que había ido a casa de Geena. Maldito una y mil veces. Suspiró y clavó su vista en el camino, tratando de ignorar los pequeños ruidos a su alrededor, el susurro del viento en los árboles, las pequeñas alimañas que iban de aquí a allá.
Habían adoptado los tres un ritmo constante, cruzando la espesura por un pequeño sendero que planeaban abandonar más tarde. El destino no les dejó esperar. 
Un suave chisporroteo bastó para que Karen se tensara y empujase a sus compañeros al suelo, saltando ella al otro lado. Del aire se materializaron figuras enmascaradas con largas capas negras. Karen las reconoció al instante: Mortífagos. Sacó su varita de debajo de su camisa. Por las máscaras logró identificar a dos o tres. Y los otros le sonaban. 
Diez ojos malignos se volvieron hacia ella, cinco varitas la apuntaron. 
-¡Protego! –Gritó, consciente de que no le serviría de nada ocultarse. Tres rayos verdes pasaron rozándola. Claramente sus órdenes no eran traerla viva. Mala cosa. 
De un salto se internó en el bosque, con el objetivo de perder a sus perseguidores. No dominaba para nada el aparecerse, y no quería arriesgarse. Tras ella, una ardilla cayó muerta. 
Jadeó. Ya ni oía los pasos de sus perseguidores en su acelerada carrera. Apenas oía el latir de sus sienes, le dolía la cabeza, le ardían los pulmones. No sabía cuanto tiempo llevaba corriendo. Se giró para comprobar si aún la seguían. De pronto perdió el equilibrio y se contuvo para no gritar. Y ya no se levantó. 

Al cabo de lo que pudieron ser minutos, segundos u horas (aunque pareció una eternidad), recuperó el conocimiento. Estaba echada boca abajo en el bosque, por lo que dedujo que no la habían atrapado. Se mantuvo echada unos instantes más, sin moverse, escuchando. Nada. Nadie. Un grito, agudo como una serenata de uñas contra el cristal de una ventana cortó el silencio
-¡¡¡NOOO!!!
Esa era la voz de Víctor. Dijo algo más que Karen no llegó a oír. Durante un segundo se planteó el huir en dirección contraria. Luego echó a correr hacia el grito. Cuando creía que estaba cerca frenó y empezó a caminar. Se le cortó la respiración. 
Un mortífago sujetaba a Víctor, que se debatía con toda su fuerza. En las manos del segundo estaba su hermanita, que se desplomó inconsciente. O algo peor. Karen amagó un grito. El tercero se volvió hacia ella, con su máscara plateada sobre la cara. No lo reconoció. 
-Sabía que vendrías. –Rió, una risa amarga y salvaje que no le gustó a Nicole para nada. 
–Dejádmelos a mí. –Susurró alguien desde la espesura. Los tres mortífagos asintieron, y aunque no podía verles la cara, Karen creyó que sonreían. Se estremeció. 
-¿Quién eres? ¿Qué pretendes? 
El tipo sonrió mostrando unos dientes amarillos y bastante afilados. 

Y en ese momento la luna se mostró en el cielo. Una luna llena, perfectamente redonda. ¿Otra vez? Pero…
No tuvo tiempo de decir nada. El hombre soltó un aullido bestial y su cuerpo empezó a mutar. Era un licántropo. 

Karen asistió a la transformación con los ojos desorbitados de puro terror. No podía moverse, se sentía clavada al suelo. Víctor no estaba mucho mejor. 
En un instante el licántropo se abalanzó sobre ella. Karen recuperó la cordura en ese momento. 
-¡Incarcero! –Gritó, apuntando al hombre-lobo con la varita y saltando hacia un lado. Este cayó con fuerza antes de romper las ataduras con insultante facilidad. Vale, esto no funciona. Se dijo, tratando de pensar. Un chorro de agua salió de una varita a su lado, algo que enfadó considerablemente a la bestia. Se les agotaban las opciones. Karen miró a su alrededor a toda prisa. No podían huir… ¡los árboles! Trató de decírselo a Víctor con gestos, pero la mirada del Ravenclaw estaba vuelta hacia otra parte. El licántropo se volvió. ¡Marian! La pequeña seguía en el suelo, inconsciente o algo peor. Karen se estremeció. Sin pensarlo Víctor saltó hacia su hermanita e hizo retroceder a la bestia con un hechizo, aunque no duró demasiado. De inmediato Víctor empezó a trepar y a intentar subir a Marian. Karen no tardó en ayudarles. La pequeña estaba fría, pero Karen trató de de no pensar en ello. Se estremeció. Poco después los hermanos estaban a salvo. 

Algo pesado aterrizó sobre la espalda de Karen, tirándola al suelo. Se le nubló la visión. Algo caliente goteaba por su espalda. Miró arriba, al árbol. Sentía los gruñidos del licántropo sobre ella. Todo se ponía negro… dolía mucho… luchaba para mantenerse consciente. Tenía miedo, mucho miedo, sentía que iba a morir…
De pronto el peso desapareció de su espalda. Se oyó un rugido ultrajado y un grito de miedo. Karen se volvió como pudo y abrió los ojos al máximo. 
Víctor, con todas las de perder, se había lanzado sobre el hombre-lobo y había logrado apartarlo de ella. Mientras la bestia se ensañaba con él, el chico se volvió hacia ella, con visible alivio de verla viva. 
-¡Sube! –Jadeó, mirándola a los ojos. En esa mirada negra Karen vio pura determinación, junto a algo que le aclaró el corazón. Cansada y dolorida como estaba, subió al árbol. No se atrevía a desobedecer. Cuando estuvo por fin a salvo, cayó inconsciente. 
Cuando despertó de nuevo, la luna estaba empezando a bajar. El hombre lobo no se veía por ningún lado, y, para terror de Karen, Víctor se halaba en el suelo, hecho un guiñapo. Antes de pensarlo, ya había bajado. No le importaban sus heridas ni el dolor que sentía al moverse. Tenía demasiado miedo. 
Para sorpresa de la joven, seguía vivo. Cuando la vio, le sonrió con su cara ensangrentada. 
-Lo siento. Yo te traje por este camino. 
Karen no podía controlar las lágrimas. –No
Él sacudió la cabeza. –Quiero decirte algo… antes de morir. 
Ella quería decirle que no hacía falta, que aún no había llegado su hora. Pero Víctor no era ningún tonto. Incluso ella podía ver que sus heridas eran demasiado hondas para sanar. 
-Te escucho. –Susurró. Él asintió, también llorando. 
-Quiero que sepas… que te quiero. –Karen abrió los ojos, sorprendida. Una mezcla de tristeza y felicidad inundó su corazón. “Y yo a ti” habría querido decirle, pero no le salieron las palabras. Si antes se había fijado en el joven, el hecho de dar la vida por ella le había abierto su corazón. El joven pareció entenderlo. 
-Creo que fue desde tercero. –Siguió él. Sus ojos casi no parecían verla. –No sé, solo sé que me enamoré. No parecías ser tampoco mala persona, y tu manera de bromear con Geena me convenció. No eras una de esas esnobs que van creyéndose las mejores… -Karen no le dejó continuar. Le besó, sabiendo que sería su primer y último beso. La mirada de Víctor se fijó en ella una última vez. Luego suspiró, y sus ojos se cerraron para siempre. 
Karen no pudo soportarlo. Se arrodilló a su lado y se derrumbó, llorando, soltando toda esa tristeza que le oprimía el corazón

. Despertó en el bosque. Las hojas susurraban al viento lúgubres canciones, el canto de aquellos sin voz propia. Los sonidos de lo salvaje se dejaban escuchar por los pocos con suficiente oído para entenderlos. El ulular de una lechuza, los pequeños pasos de los roedores que no deseaban sino vivir un día más. Y, sobre todos ellos, un aullido, chirriante como una sinfonía de uñas sobre el cristal. Un sonido que le hizo estremecerse.
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FénixBludger114

Mensaje por DraconisChispas54 el Miér 25 Jun 2014 - 16:28

-No se preocupen por mí- dijo Harry a Ron y Hermione con una voz que procuró que le saliera despreocupada. -Ya nos veremos en el banquete. Diviertanse.
Era la mañana del día de Halloween, y Harry vió con tristeza como Filch examinaba los rostros de cada uno de sus compañeros para impedir que nadie saliera sin permiso a Hogsmade. Harry no podía ir, pus su tío Vernon no le había firmado la autorización correspondiente. Al mnos, un poco de consolación tenía la saber que Ron y Hermione le traerían dulces de Honeydukes.
-¿Te quedas aquí, Potter?- gritó Malfoy, que estaba esperando ser revisado por Filch, junto con Crabbe y Goyle. Malfoy seguía hablando, pero Harry ya había dado la espalda volviendo por las escaleras de mármol y los pasillos vacíos. Solo escuchó vagamente "atreves" y "dementores".
Después de decir la contraseña correcta, aunque a la señora Gorda no le hizo mucha gracia, pues estaba en un plácido sueño, dejo entrar a Harry a la acogedora sala compun de Gryffindor. Por motivos de celebración, algunas calabazas con velas dentro adornaban la habitación, se veían telarañas en paredes y techos, y pequeños murcielagos (claramente hechizados) revoloteaban de un lado a otro.
-¡Harry!¡Harry!Hola, Harry¡- lo saludaba Colin Creevey, un chico de un curso menor que él. Sentía veneración por Harry nunca perdía la oportunidad de hablar con él. -¿No vas a Hogsmade Harry? ¿Por qué no? ¿Eh?- Colin miró a sus amigos con interes -¡si quieres puedes venir a sentarte con nosotros!- Ginny Weasley se sonrojó con el simple hecho que Harry fuera a sentarse con ellos, y Romilda Vane, una chica de primero, sonrió a más no poder.
-No, gracias, Colin- dijo Harry, que no estaba de humor para ponerse delane de gente deseosa de contemplarle la cicatriz de la frente -Yo... he de ir a la biblioteca. Tengo trabajo- Harry dió la media vuelta y salió por el agujero del retrato.
-Bueno, chao... ya se fue- dijo Colin con tristeza. Suspiró y siguió hablando con sus compañeros.
-Entonces, mató a uno de sus mejores amigos- continuó Colin -¿Como se llamaba? ¿Pan Ky wood...?
-Pettigreww- corroboró Demelza -Mi padre asistió al juicio en contra de Black y me lo contó con todo detalle.
-Me contó que mató a 13 personas de un solo hechizo-
Ginny saltó un grito, y Colin mirí estupefacto.
-Espero que lo atrapen...- dijo en voz baja Romilda -Me entra pánico pensar que podría estar en el colegio en este momento-
-Mi padre dice que no hay lugar más seguro que Hogwarts -dijo Ginny- dudo que pase algo...-
Después de esto nadie dijo nada. Les aterraba la idea que uno de los secuaces mas fieles de Voldemort hubiera escapado de Askaban, y que, segun el profeta, su último avistamiento había sido cerca a Hogwarts.
-Los dementores lo atraparán tarde o temprano- aseguró Andrew Korke, compañero d egrado de Colin -Mi temor es que lo atrapen tarde... supongo que ya saben quien estará en su búsqueda...-
-¿Quién?- preguntó Demelza -¿Quién sería tan tono para ir en busca de Black?-
-Harry Potter- respondió Andrew con determinación. De pronto se escuchó un ruido en la ventana, y Ginny soltó un chillido.
-Solo es uno de estos pequeños murcielagos- asegurpo Jack Sloper, compañero de Andrew- no entiendo porque los gemelos Weasley traen cosas raras- dijo atrapando al murcielago en la palma de su mano.
-Harry Potter... no podemos negar que oculta algo- continuó Andrew- Además, siempre él busca los problemas...-
-La piedra filosofal, la cámara secreta...- contaba con los dedos Romilda, y miraba de reojo a Ginny cuando habló de la cámara secreta.
-No se olviden que coló en un auto para llegar a clases, o que luchó contra un troll hace exactamente dos años- añandió Andrew- Todo por buscar mas fama de la que ya tiene...-
-¡Él no busca los problemas, los problemas lo byscan a él!- aseguró Ginny, con las orejas rojas y el ceño fruncido- Si no fuera por él. yo...yo..-
-No creas que lo hizo por ti, Ginny- dijo Romilda- Harry lo hizo por todos, creo yo, por su amiga Grangerm por Colin...-Romilda buscó a Colin con la mirada.
-¿Donde está Colin?- preguntó Jack, pero Colin ya no se encontraba en la sala común.
Colin caminaba por los pasillos de Hogwarts, con su nueva cámara fotográfica mágica. Si lo qu decía Andrew era cierto, Harry ya estarpi investigando el paradero de Siruis. Necesitaba ayudar a Harry, él había destruido a la bestia de Slytherin que convirtió en piedra a mucha gente el curso pasado, incluyendolo a él. Debía devolverle el favor.
Entonces escuchó unos paso a su espalda, y se escondió detrás de una de las armaduras que adornaban el pasillo. El profesor Snape caminaba sigilosamente, con una copa humeante en su mano, y dobló en la esquina más próxima. Colin, despues de pensar las posibles consecuencias, decidió seguirlo.
Snape se detuco en el despacho de Lupin, y dio tres golpes espaciados.
-Adelante- dijo Lupin.
Snape abrió la puerta, y Colin ya no podía ver nada más que la cola de la túnica de Snape. Instintivamente, sacó de su bolsillo una pluma de color azul eléctrico, y un pergamino que empezó a flotar en el aire.
Snape regresó a la oficina, y Colun caminó sigilosamente por detrás y colocó suspendidos en el aire la pluma y el pergamino por encima de la puerta, de modo que casi nadie pudiera verla. La pluma empezó a deslizarse sobre el pergamino, y Colum sonrió traviesamente. Corrió para la esquina del pasillo y se escondió para ver que sucedía. Al minuto salió Snape del despacho, con una vista recelosa sin sonreír. Esperó que se perdiese por el pasillo y volvió a salir a recoger el vuela pluma. Estiró su brazo para recogerlo, pero la pluma seguía escribiendo. Extrañado volvió a esconderse, esperando a que saliera otra persona. Harry salió después de unos minutos dirigiéndose al Gran Comder.
- Ya debe ser la hora de la cena de Halloween – pensó Colum, pero en su cabeza algo mas importante lo ocupaba… ¿Qué hará Harry, Snape y Lupin en ese depsacho?
Colin se levanto y fue alcanr al vuela pluma, que ya había dejado de escribir. Lo agarro y se puso a leer
- Grindylow… caldero… en ¿pocion?¿para Lupin? – leia Colin, pero se detuvo cuando leyó que posiblemente Snape intentase envenenar a el nuevo profesor de defensa contra las artes osucras. Es bien sabido que Snape anhela ese puesto desde hace mucho tiempo, pero llegar a envenenarlo…
- ¡Colin! – preguntó Lupin - ¿Qué haces aquí? – Lupin había salido de su despacho, y lo miraba diligentemente. Lupin era el único que llamaba a sus alumno por su nombre
- Profesor, yo… - empezó a hablar Colin, poniéndose de color blanco, y evitando que su vuela pluma se pusiera a esciribir – este… yo… quería preguntarle que es un gryndilow – terminó de decir, sin explicarse como había salido eso de su boca
- ¿Un grindylow? – se sorprendió Lupin - ¿Y vienes el dia de Halloween a preguntarme eso? Que yo recuerde, no les he dejado ningún deber sobre los grindilows
- Si, es que… lei un libro… y quería saber si usted me podría dar mas información sobre estos… seres…
Lupin no se veía del todo convencido, arqueó la ceja y se vieron mas notalbes las arrugas de su frente
- Bueno, si es ese el caso… - dijo Lupin – tengo un libro sobre Grindylow en la sala de los profesores. Si tanto es tu apuro, vamos ahora a recogerlo
- ¿Qué? – pregunto apresuradamente Colin, no pensaba que Lupin hubiera creido su mentira… - Bueno, no es tanto el apuro…
- Insisto – dijo Lupin – Además, quizá después me vaya olvidar a mi, o a ti, entregarte el libro. Me gusta que investigues por tu propia cuenta
Obligado y sin otra escapatoria, Colin siguió a Lupin a la sala de profesores, una estancia larga, con paneles de madera en las paredes y llena de sillones viejos y dispares. Al fondo de la habitació, había un viejo armario
- En ese armario está el libro, Colin – aseguro Lupin – Yo tengo que ir a hablar un momento con el directo. Solosaca el libro y cierra la puerta de la sala. Me lo devuelves cuando hayas terminado – Y Lupin abandonó la estancia, cerrando la puerta tras él.
Colin caminó hasta el fondo, sudando frío, y con la mirada fija en el armario. Giró la manija, pero el no jalaba la puerta: alguien la empujaba desde adentro. Del amario salió un hombre alto, con el pelo sucio y revuelto que le caía hasta los codos. Sus ojos brillaron en unas cuencas profundas y oscuras, su piel de cera estaba tan estirada sobre los huesos de la cara que parecía una calavera y poseía unos dientes amarillos. Era Sirius Black.
Colin no lo podía creer, el asesino que había decidido encontrar por ayudar a Harry, estaba en frente suyo. Sin embargo, no sabía que hacer en estos momentos. ¿Qué podía hacer él ante el criminal mas peligroso de todos? Sus ojos se habían salido de sus orbitas, y un gran beloreo lo afectaba de pies a cabeza, que, al dar un paso atrás, se cayo ruidosamente. Sirius extendió su brazo para alcanzar a Colin, y ya se había resignado a morir. Nunca debió espiar a Harry y a Snape, nunca debió mentirle a Lupin… Cerró sus ojos y esperó lo inimaginable.
De pronto s eescuchó un ruido gracioso, aunque en ese momento a Colin no le dio mucha gracia. Abrió sus ojos, y solo vió un globo desinflándose y moviéndose por el aula. Sirius ya no estaba
- Muy bien, Colin, ¿Ya aprendiste? – dijo Lupin
- Pro… pro… ¿profesor? – se sorprendió Colin - ¿Qué hace usted aquí?
- Enseñandote como derrotar a un boggart. Por desgracia no has aprendido como ganarle – se lamentó Lupin – Pero creo que aprendiste algo mas valioso, ¿no?
- El no escuchar conversaciones ajenas… y el no mentir, ¿no?
- Excatamente – dijo Lupin, sonriendo, con una cálida mirada – es la última vez que veo que te pones a espiar. Ya vete. No quiero que llegues tarde a la cena
Colin se levanto apresuradamente, intentando no mirar otra vez el baúl, pues su corazón aun latia mas rápido de lo normal
- Ah, y Colin – lo llamo Lupin
- ¿Si, profesor?
- Feliz Halloween
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Votaciones y ganadores

Mensaje por DraconisChispas54 el Miér 25 Jun 2014 - 16:38

Resultado de las votaciones:

  • LoboPlata7672: 14
  • PlataGlow58: 8
  • RunaDragón19200: 7
  • CatSky4055: 4
  • CapaMist29667: 12
  • BladeFénix3435: 12
  • FénixBludger114: 3

Ganadoras:

1er Premio: LoboPlata7672

Tendrá el rango de ganador con una insignia o icono temporalmente.
Una firma que señalará el puesto obtenido en el concurso.
Tendrá la opción de dar la puntuación de 4, además de las otras, en el próximo concurso.
Los votantes del concurso comentarán su próximo fic.

2º Premio: BladeFénix3435 y CapaMist29667
Una firma que señalará su lugar en el concurso.
Los votantes del concurso comentarán su próximo fic.

3º Premio: PlataGlow58
Los votantes del concurso comentarán su próximo fic.
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3º Concurso de FanFics - Halloween 2013

Mensaje por DraconisChispas54 el Vie 27 Jun 2014 - 14:41

3º Concurso de FanFics: Halloween 2013

- El tema central es la celebración de HALLOWEEN.
- La temática que se enfoque debe estar inclinada al terror.
- Deben aparecer personajes, escenarios o algo relacionado con la historia de Harry Potter.
- Solo se puede presentar un escrito por persona.
- Un factor importante a tener en cuenta será la ortografía.
- Los relatos no pueden superar las 5 carillas de extensión.
- Debe ser apto para menores de edad, quedando por lo tanto prohibido cualquier contenido racista, sexual, gore o de cualquier tipo que pueda herir a la sensibilidad de cualquier persona.
- Los que quieran presentar sus escritos, deberán enviármelos por MP a mí (DraconisChispas54), antes de que finalice el plazo de presentación. No hay que "anotarse"; simplemente participará quienes manden los escritos en el plazo marcado.
- Todos aquellos que participen se verán obligados a votar, quedando descalificado aquel que no lo haga. (En caso de no poder por razones de fuerza mayor avisadme previamente vía MP y se hace una excepción).
- Plazo de presentación: Hasta el 28 de Octubre a la media noche, horario de España.
- Plazo de votaciones: Desde que finaliza el plazo de presentación hasta la medianoche del 30 de Octubre, horario de España.
- Las puntuaciones que se pueden dar serán las de 3, 2 y 1 punto a vuestros 3 escritos favoritos. Ganará aquel que al final
de la votación tenga más puntos. Se debe argumentar cada voto, si no, no se tomará en cuenta. Los que participan tienen prohibido votarse a sí mismos.

*** Tras contar con solamente dos participantes, se hizo una modificación en las reglas:
- Los participantes no pueden votar. Es tan absurdo el hecho de que se voten a sí mismos, como de prohibirles votarse a sí mismos.
- Las votaciones permanecerán abiertas hasta la medianoche del 31 de octubre, hora española.
- Se dará un solo voto por persona, el cual irá destinado al escrito que consideréis mejor. Es obligatorio argumentarlo; si no, no se tomará en cuenta.

Participantes:

unicornscale122:

La terrorífica noche de Halloween
Aquella noche era especial. Oscura, tenebrosa y llena de misterio; era Halloween. Los carruajes marchaban a toda prisa, los alumnos tarareaban esa canción y la lluvia caía vigorosamente sobre los charcos. Todo estaba abarrotado de calabazas de todos los tamaños, cantando estas también al son de la música. Había luna llena. El cielo estaba cerrado y los relámpagos resonaban en las ventanas de Hogwarts. Todo indicaba perfección para el festejo.

Los alumnos se hallaban en el Gran Comedor, todos reunidos. Mientras Dumbledore les dirigía algunas palabras a los recién llegados los de los demás cursos aguardaban ansiosos el banquete. Josh se entretenía observando el canto de las calabazas, los dos años que había pasado allí habían sido iguales; las palabras del director el primer día, las clases, las fiestas y el fin del año. No hubo ningún cambio hasta ahora, esperaba que esta vez algo cambiase, aunque sabía que habría algo nuevo, Kayla le había avisado de que este año les permitirían ir a Hogsmeade. De todas formas esta noche había quedado con unos amigos para celebrar este día. Él no tenía ganas además de que no le encantaba la idea de saltarse las normas pero sus amigos habían insistido en que fuera, decían que sería divertido y que lo pasarían bien. Hasta que acabó aceptando, no tenía nada mejor que hacer, si no qué haría esta noche ¿vagar solo por el colegio? No era un chico rebelde pero tampoco era inflexible. 

Después de un largo discurso por parte del director al fin les sirvieron la cena. El castaño se sirvió y comenzó a cenar con ansia. No había comido nada desde el almuerzo y su estómago ya empezaba a protestar. Más bien lo engulló todo rápido y fue a encontrase con los demás que aún no había acabado. Se acercó a la mesa Slytherin y le habló a una chica de cabello corto y negro.

- ¿Aún sigues comiendo? - Preguntó alzando una ceja.

La morena que estaba vuelta se giró al oírlo. - Por lo que veo decidiste venir. - Sonrío, ignorando su pregunta. 

Los demás se acercaron a aquella mesa, al verlos ya reunidos allí. - ¡Hey! - Uno de ellos le golpeó la espalda, sonriendo. - Qué bien lo vamos a pasar esta noche. - Dijo refiriéndose a su presencia en la fiesta.

El chico se encogió de hombros. - Supongo. - Zanjó sin mucha convicción.

Al instante el rubio se dirigió a la entrada, diciéndole algo antes de irse. - Te esperamos donde sabes, intenta pasar desapercibido. - Le recordó.

El Gran Comedor aún estaba abarrotado de gente cuando estos salieron. No esperaron a que hubiera más gente fuera, de ser así les sería más difícil salir a los terrenos. Aprovecharon mientras que los profesores estaban retenidos dentro. Lo más seguro es que hubiese vigilancia pero lograrían despistarlos. No era la primera ni la última vez que saldrían sin permiso.

- ¿En serio queréis pasar la noche en el Bosque Prohibido? - Preguntó de repente con tono de incredulidad.

Kayla lo miró rápidamente. - ¿Tú no? - Dijo con sarcasmo.

Josh suspiró. - Iré con vosotros pero no me pienso quedar. - Alzó los brazos al torcer los labios y adelantarse.

Esta lo siguió. - No tengo nada mejor qué hacer ¿vale? - Alzó las cejas. Era consciente de que realmente no le agradaba la idea de dormir en un bosque y menos cuando hace nada llovía. Era una locura, pero le gustaba correr riesgos.

El castaño la miró de reojo. - Entonces no me negarás una visita a la Casa de los Gritos       ¿cierto? - Sonrió con una ceja alzada, mirándola de reojo.

La chica sonrió maligna. - No estaría mal. - Concluyó, dirigiéndose hacia el puente que daba a la salida.

El viento empezó a soplar, bramaba con potencia. A pesar de que la lluvia había cesado los relámpagos no paraban de combatir con sus enormes estruendos. Los chicos ya habían logrado salir fuera de la entrada, donde se reunieron con los demás.

- ¡Al fin! - Dijo una chica de cabello rubio y rizado. - ¿Tanto os ha costado pasar la vigilancia?

Todos los demás los observaron y se giraron camino hacia el bosque; ya habían esperado demasiado. Había dos chicos y una chica a parte de ellos dos. Parecían muy seguros de entrar a allí, lo que a Josh le parecía muy extraño, sabía de sobra que todos eran unos cobardes que querían pasarse de valientes. Presentía que en cuanto entraran saldrían. Aunque de todas formas se quedó para verlo.

Ignorando la pregunta de la chica siguió a los demás que parecían tener prisa. - ¿Seguro que no os asustaréis? - Se atrevió a preguntar casi burlándose.

Estos hicieron caso omiso a sus palabras y entraron al bosque ansiosos de pasar una noche terrorífica de Halloween. Todos entraron seguidos de los chicos. - ¿Y bien? Caminemos, demos un paseo, seguro que será divertido. - Rió la chica rubia al salir corriendo con los otros dos. Ellos aceptaron en seguida y Josh y Kayla no tuvieron otra opción que aceptar también. 

Llevaban ya un rato caminando y no había pasado nada increíble de contar para esa noche, a exclusión de los gritos y tonterías que decía la chica de cabellos rizados. Y de los teatros de los otros dos. Parecía que todo empezaba a calmarse, probablemente sería porque se adentraron tanto en el bosque que hasta insonorizaba a los demás ruidos de la noche. De repente todo pintaba silencioso, a tal punto que empezaron a asustarse, sobre todo los dos chicos que iban juntos. - Venga ya, ¿no me diréis que le tenéis miedo al silencio? - Se burló la morena.

Ellos rieron. - Ni de broma, todos sabemos los que estáis asustados aquí. - Mintió uno de ellos con una indirecta.

Al momento les pareció oír unos pasos, que por el gran silencio parecían más bien unos  unas grandes pisadas bastante rápidas y ágiles. Todos se agitaron al oírlo. Se mantuvieron en silencio y siguieron adelante. Los dos chicos primeros iban aterrorizados, estaban temblando. - Seguro que fue un animal. - Dijo la rubia intentando convencerse.

Cuando todos parecían haberse calmado un poco un renovado ruido los espantó.
- Ya está, me encantó el paseo pero deberíamos volver, se está haciendo tarde. - Se precipitó en decir el más bajito de los dos que iban primeros.

En una situación normal Josh se hubiese burlado de este pero esta vez el temor lo asaltaba también a él. En cambio Kayla permanecía callada a su lado, incluso no parecía nada asustada, su esencia era inalterable, a veces se preguntaba qué era lo que la hacía ser una Slytherin. - ¿No estás asustada? - Le dijo en un murmullo.

- ¿Debería estarlo? - Alzó una ceja al mirarlo.

Josh sonrió, se sentía más tranquilo ahora que sabía que no todos los que había allí estaban sumergidos en el terror.

Continuaban andando y hablando hasta que de nuevo el silencio se hizo con el lugar. El más bajito pisó una rama que chirrió. - ¡¿Qué fue eso?! - Se asustó el otro.

Este comenzó a reír burlándose de su amigo. - Solo fue una ramita. - Rió nuevamente.

Los otros tres se mantenían alejados, viendo como cada vez se asustaban más. Entonces las risas se cortaron en seco; un aullido los dejó pálidos y los estremeció. La rubia y los otros dos salieron corriendo despavoridos, atemorizados. Antes de poder irse algo los detuvo; el cuerpo de un animal desgarrado cayó de arriba de un árbol, era un ciervo. Josh y Kayla abrieron los ojos de par en par; ahora sí tenían miedo de verdad. Los otros tres casi se desmayan al ver el cadáver del animal, tanto que no les dio tiempo a pensar, solo optaron por huir gritando, sumergidos en un inmenso pavor que no los dejaba coordinar los sentidos. - ¡¿A dónde creéis que vais, desgraciados?! - Le gritó la morena al verlos huir dejándolos allí. Tenían el cadáver del animal delante, taponándoles el paso y no les apetecía adentrarse más, por lo que se quedaron allí paralizados, no sabían qué hacer, no querían creer que estaba pasando. 

Pudieron vislumbrar como los demás desaparecieron entre los árboles de más adelante. No podía creerlo, ¿de verdad se habían topado con un hombre lobo? Por lo que sabía no había hombres lobo sueltos por Hogwarts.

La chica lo agarró de la mano y lo obligó a saltar el cuerpo del animal, haciendo que corriese pero entonces una figura apareció de detrás de un matorral, cortándoles el paso. Era enorme y caminaba sobre dos patas, su cuerpo era esquelético y su hocico alargado. Sus manos estaban manchadas de sangre y de su boca caían restos de sangre del animal. Pero lo que más lo aterrorizó fueron sus brillantes ojos dorados que lo miraban. Ahí el pánico se apoderó de él y este se deshizo de la mano de Kayla, al correr hacia atrás. Había comprendido que era cierto; era un hombre lobo. Este aulló nuevamente mirando la luna, la chica se pegó contra el árbol más cercano y acto seguido el hombre lobo salió corriendo detrás del chico, a una velocidad inaudita. Josh vio como la chica se quedó lejos y comprendió que huiría como los demás, a pesar de todo se supone que los Slytherin tienen su vida como primera opción. Ya parecía haber descubierto qué era lo que la hacía serlo. No le dio tiempo a pensar nada más cuando el hombre lobo lo tiró al suelo y lo mordió, iba a desgarrarlo y el chico ya había asimilado que moriría allí, por una tontería de ir al Bosque Prohibido sin permiso, claro, ahora comprendía, por algo estaba prohibido, no entendía cómo se pudo dejar convencer por sus amigos. Sus garras ya casi estaban en su garganta cuando de repente salió disparado por los aires, entre los árboles.

- ¡Expulso! - Gritó la chica apuntándolo con su varita, haciendo que volara.

Josh no tuvo tiempo de ver nada más, el mordisco que le había propinado no parecía ser mortal pero si una grave herida que lo dejaría inconsciente. Este vio como Kayla se agachaba a su lado y poco después su vista desfalleció y sus ojos se cerraron; se había quedado inconsciente. Lo último que vio fue la cara de Kayla agachada a su lado, al fin y al cabo no lo había abandonado.

El chico abrió los ojos, estaba sudando y respirando intranquilo. Miró a su alrededor y vislumbró la habitación Hufflepuff; su casa. En seguida escuchó gritos abajo. - ¡Qué bien!     ¡Esta noche es Halloween! - Resonó la voz aguda de una chica. Josh suspiró y su pulso bajó rápidamente; comprendió que todo había sido una larga pesadilla. - Qué estupidez. - Sonrió. - ¿Hombres lobo en Hogwarts? - Rió solo al decirlo. Al instante se tocó el hombro para deshacerse del sudor que aún le corría, su rostro se tornó pálido y velozmente se miró en un espejo; tenía un mordisco de hombre lobo en el hombro.

roblemurciélago172:

El renacer del mal (Especial de Halloween con los Potter)

Con un suspiro largo se apoyó en el marco de la puerta contemplando la habitación vacía de su hija, hacia casi ya dos meses que ella se había ido también, ahora eran solo Ginny y él.
James, Albus, y Lily estudiaban en Hogwarts, aunque eso no podía hacerlo más feliz, los extrañaba. La casa que compitieran toda su vida se encontraba callada, normalmente en las noches solía recorrer las habitaciones de sus hijos como lo había hecho toda la vida al desearles felices sueños.   
Un suave apretón en el brazo lo hizo salir de sus pensamientos, abrazo a la pelirroja que lo miraba con una ceja alzada y le beso la frente. 
- ¿Se siente raro no? – le dijo Ginny.
- Más que raro – contesto el – extraño sus gritos más que nada en el mundo.
Ginny lo abrazo fuerte y lo atrajo hacia ella para besarlo.
- Yo también – le dijo Ginny – Bueno a veces – dijo haciéndolo reír.
- Primer Halloween sin ellos – dijo
- Si, por fin un Halloween tranquilo, después de los últimos tres.
- No estuvieron tal mal – dijo riendo.
- ¿Entonces estas seguro que no quieres hacer nada este año? – Le pregunto por millonésima vez Ginny.
- Sí, no tendrá caso, ese día tendré una reunión con Kingsley hasta tarde, los niños no estarán, ni siquiera Ted podrá venir con todo y los cursos para auror, al parecer el lunes tiene un examen de algo – dijo algo desanimado, hacía mucho que tampoco veía a su ahijado.  
- Bueno pues entonces yo me iré donde Hermione, como Ron esta fuera del país le iré a hacer compañía, estaré  de vuelta para cuando vuelvas. 
- Bien – dijo Harry y abrazo a su mujer y se fueron a acostar.
La madrugada del 31 de Octubre de 2019 amaneció nublada y con promesa de lluvia, un fuerte viento mecía los árboles en el jardín haciendo que las ventanas sornaran.
Harry se despertó algo agitado, tomo la varita que mantenía siempre a su alcance y se enderezo en la cama, escruto la oscuridad del cuarto con la varita alzada, Ginny se despertó a su lado y lo miro medio dormida.
- ¿Qué haces? – le pregunto.
- Sentí ruidos – dijo.
- Es solo el viento – dijo su esposa y volvió a apoyar la cabeza en la almohada.
Harry se quedó un segundo más escrutando la habitación, aun con el ceño fruncido volvió a acostarse, pero no pudo conciliar el sueño seguro que algo había escuchado.
En la mañana la tormenta se había intensificado, una lluvia fina pero tupida se dejaba caer en toda la región. Harry se puso la chaqueta y salió a la entrada, miro hacia fuera y se devolvió.
- ¿Qué paso?  - Le dijo Ginny.
- Mejor que apareceré en la oficina, el clima está muy malo como para ir en la moto, terminare empapado. 
- ¿Enserio? – dijo burlona Ginny – ¿El gran Harry Potter le teme a un poquito de agua? – la pelirroja rodo los ojos y saco su varita – Impervius – dijo apuntando a su marido – ¿de verdad te haces llamar un mago?  
Harry le sonrió a su esposa y la beso antes de salir al garaje, se montó en la moto y la echo andar – “bueno al menos con este clima será difícil que los muggles me vean volando, no será necesario hacerla invisible ni nada” – pensó algo más animado. Salió de la casa y tomo la avenida en dirección a Londres, al llegar a la esquina de su casa una persona con un impermeable negro, con un cabello largo y enmarañado lo miraba, el corazón de Harry dio un vuelco, detuvo la moto de golpe y se giró para verlo de nuevo, el oscuro ser lo miraba aun y se reía abiertamente, un rayo ilumino todo el lugar Harry cerro los ojos por la luz y al abrirlos la persona había desaparecido.
Con el corazón acelerado se quedó parado ahi en la lluvia tratando de aclarar sus ideas “no pudo haber sido ella, llevaba muerta más de 20 años” se dijo tratando de auto convencerse. Seguro de que solo había sido una ilusión retomo su camino.
No pudo decir que fue un día normal en la oficina, su mente seguía yendo a aquella figura en la lluvia, por más que intentara apartarla volvía una y otra vez y como si fuera un rito cada vez que la figura se le venía a la mente él se tocaba la cicatriz y escuchaba su risa como si ella estuviera ahí, se repetía una y otra vez que era imposible, la había visto morir, pero y si…
Entonces una frase le vino a la mente – “Yo aprendí las artes oscuras de él” podría ser que ella… “no, no” se reprendió mentalmente, solo estaba divagando, debió solo ser algún vagabundo y nada más.  
Luego de su reunión con el ministro Harry se encamino hacia la salida, la lluvia había parado hacia unas horas dejando tras de sí un aire frio y un cielo semi nublado. Entumecido tomo la carretera hacia su casa al cabo de rato tomo la desviación hacia los suburbios, doblo la esquina y llego a la calle donde se encontraba su casa. El corazón se le detuvo. 
Sobre la hermosa casa de ladrillos, con un gran jardín de un verde desordenado brillaba la imagen que hacía 20 años no veía, la calavera parecía sonreírle y la serpiente parecía que lo iba a tragar-
Mientras corría hacia la casa Harry recordó lo que le había dicho tantos años atrás el señor Weasley – La marca tenebrosa solo aparecía sobre un edificio donde los mortifagos hubieran asesinado, cuando la veías sobre tu casa sabias lo que te ibas a encontrar – corrió más rápido.
La puerta del jardín estaba abierta, penetro por ella sin detenerse y ni se fijó que la puerta de su casa había sido reducida a astillas.
-¡NOOOOOOOOOOOOOO! – Grito  nada más entrar– ¡HERMIONE! ¡HERMIONE! ¡ROOOOONNNN! ¡NOOOOOOOOOOOOO!
Corrió hacia sus amigos que yacían en la escalera abrazados y cubiertos de sangre, los remeció gritando sus nombres pero ellos no reaccionaban.
- ¡Ginny, Ginny! – dijo parándose  - ¡GINNY! – grito corriendo de habitación en habitación  – Ginny – dijo con voz tomada y destruyéndosele el alma.
Su esposa estaba suspendida de la pared con cortes en el cuerpo y la mirada perdida en el horizonte totalmente ausente de vida 
- ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡NO! – grito Harry bajando a su esposa y apretándola contra su cara surcada en lágrimas. 
- ¡Oh el pequeño Potter ha llegado a jugar!– dijo la voz de Bellatrix Lestrange tras él.
Harry la miro horrorizado ¿como podía ser? ¿como pudo ella hacer todo esto? Antes de decidiera pararse ella lo desarmo y le lanzo un crucio.
- Por tu culpa por años fui menos que nada – dijo la bruja – por tu culpa lo perdí a él, solo espere la oportunidad de quitarte todo, todo – dijo mientras señalaba a la esquina donde los tres pequeños cuerpos  de su hijos y Teddy yacían sin vida.
- ¡MATAME! ¡MATAME! ¡MATAME! – gritaba Harry llorando a gritos, ya no soportaba más el dolor.
- ¡Oh! Es lo que hare – dijo la bruja con placer – ¡Avada Kedavra!
La luz verde lo envolvió todo.














- ¡Harry! ¡Harry! Cariño despierta, se te hace tarde , vamos flojito arriba–

La voz de Ginny le llegaba desde lejos, como si él se encontraba en lo profundo de un pozo, de un salto se levantó, tomo su varita y corrió por la casa buscando a Bellatrix, cuando la recorrió de punta a cabo se convenció de que todo había sido una pesadilla, una terrible pesadilla.
- Ginny – le dijo Harry  - llámalos a todos.
- ¿A todos quienes?  -Dijo la pelirroja sin entender.
- A todo el mundo Ginny, a todo el mundo, haremos una fiesta de Halloween, debemos hacerla, debemos aprovechar y festejar de que estamos todos vivos – dijo miestras la atraía y abrazaba a su confundida esposa.

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